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El inestimable poder de un “no”…

Hacía más de una semana en que debí haber hecho una llamada, ciertamente por mis persistentes ocupaciones no me permití o no me di la oportunidad de hacerla y al fin escuchar la voz de aquel ser que alguna vez estuvo conmigo, que me brindó sin condición todo lo que tenía de sí y regalármelo con el más fraternal amor, un amor que se sintió e incluso literalmente percibí adueñándome de él con un respiro, ¿pero cuál es (después de un prolongado año) mi ‘sorpresa’? Ese amor, (al yo sacar mis propias conclusiones y terminologías de culminación de que seguramente yo había exterminado todo rastro de él) continúa vivo, ahora sé que pude haberlo literalmente maltratado y deshojado con cualquiera de mis acciones ásperas y crueles, mas sin embargo doy por hecho que ese amor ¡ese amor! es completamente verdadero, y que yo en su momento preciso jamás me di cuenta de que coexistía y compartía el mismo ambiente conmigo, le di la espalda sabiendo yo que entre mi confusión y la presencia de una pura imagen nítida que solamente me demostraba que lo que mis ojos contemplaron y parte de mi mente que hubo dislocado para prestar atención a la atracción de alguien más y totalmente ajena a mí y a mi historia y mis versos escritos uno a uno por la inercial acción de desahogo y expresión…

Me llega una sensación de intensa impotencia de no escucharla, de no saber que está allí para notar su emoción de conversar conmigo, de que de alguna manera la ‘necesidad’ que siento de poder sentir su voz en mis oídos y la calidez de sus palabras en su modo de pronunciarlas, me da por plañir por momentos al recordarla y de ponerme a pensar en los momentos que compartimos y que yo, sin más ni menos, hube desechado, cuando (ahora que lo he analizado) más necesidad tenía de mí llegué para lastimarle cruelmente y culminar una gran historia llena de mismísima magia y oníricas experiencias, hoy siento el persistente menester de estar caligrafiando esto para hacer notar de cierto modo lo que experimento ahora mismo con algunas lágrimas en los ojos de poner en mi mente la idea de que lo que alguna vez hice tal vez ya no me atormenta tanto, pero me llena de una fascinación indescriptible de enterarme de que a causa mía (y aunque muchas veces nunca me lo creí o lo catalogaba como imposible) alguien llegó a amarme tanto, sin condición, que hizo cosas que jamás creí sería capaz de hacer; esto es algo que ha llegado al fondo de este, mi corazón, que quizá aún frío es, pero que por autoría de unas palabras tan precisas penetraron en lo más recóndito de mi ser para provocar así, un llanto inconsolable, no de tristeza, o tal vez sí, difícilmente explicable con minuciosidad, un lloriqueo acompañado de sensaciones y sentimientos encontrados, alimentado de una fuerte carencia de su presencia, con todo un maremágnum de emociones y adjetivos emotivos: enojo, vergüenza, alegría, embeleso, culpa, una notable impotencia y una quizá innecesaria pretención de reprimir este caos mental que ha comenzado a causarme un molesto dolor de cabeza y las incontenibles ganas de llorar hasta languidecer mis ojos.

Darse cuenta de cómo es que un amor tan inmenso y verdadero hace que notes y creas que lo es por considerar las circunstancias y la precariedad que impusiste con una abyectitud inimaginable, cuando más te haces a la idea de que has acabado con todo lo que alguna vez fue, cuando con una acción fulminante no has dejado ni pista existente de ese amor… Mas cuando te vuelven a demostrar y a imponer la viva imagen de que todo es real suspiras y lanzas al aire una efímera frase: “En verdad me ama…” Luego, te llenas de impotencia y de una lastimosa “barrera” que impide que expreses lo que estás intentando de decir ¿acaso es pena? Aún no lo sé, mas sin en cambio al final, como siempre te ha pasado, te arrepientes y te culpas de no haber manifestado en su momento dado lo que realmente sientes…

Tristemente así hube sido, y ya no más, no quiero continuar con esto que me hiere, de sentirme reprimido por mí mismo, simplemente ya no quiero…

Y hablando de negaciones, he de culparme también por mi estúpida actitud de negación hacia una persona, cuando de sí también me ha dado, si no todo, sí su coexistir prácticamente en entereza; el enorme poder de un “no” es inestimable… Hace algunos días que tuve una conversación crucial en la que, aunque no deseaba fuera directa, de cierta forma tenía que decir lo que me atormentaba, lo que provocó que de pronto sintiera el ardor de la primera lágrima deslizarse por mi mejilla para así iniciar con un sollozo casi incontrolable; cuando pensaba: “No hieras, al menos no lo hagas como si pareciera que eres un desalmado…” Curiosamente parecía que con quien platicaba me conociese tanto que intuyó y tramó cada palabra, acción y expresión que emplearía para explicarle lo verdadero de mi situación, no supe qué decir al percatarme de ello, sin en cambio al principio se me hizo tan fácil, y me refiero a que tal vez volví a ser el YO de siempre, el frío que hace ver a los demás que no siente algo; llegó el momento, lo dije… Pero parecía que se repetiría lo que alguna vez escuché, quizá no de la misma forma pero tal vez, en el momento, con la misma intensidad de un sentir tan profundo: “Jamás te dejaré solo, pero ¿sabes? Siento que quizá tú jamás necesitarás de mí, es decir, para ti nunca tuve importancia, siempre fui alguien más, común y corriente…”, luego contesté, -no seas tan dura contigo misma, no es eso, sé que en la mayoría o sino es que todas las ocasiones quizás hice que pensaras eso, yo nunca traté de hacerte sentir como “la otra”, lo lamento… Entonces supe que muy notablemente mi manera de expresar las cosas, ya sin sentir en el instante, fue (meditándolo ahora que ya hace algunos días que efectué esta acción) hiriente, no es de sorprenderse si eres alguien que me conoce, al menos un poco más profundamente que otras personas… Culminé una relación en la que (ahora que, aunque no estoy muy tranquilo, lo he meditado) no debí emplear “recursos” por así decirlo, para finalizarla de un modo muy ‘seco’…

Extraña forma de comenzar…

[Para MMLH]

Es raro y a la vez tedioso encontrarse en una situación como esta: tener que decir lo que uno piensa o siente y no saber cómo reaccionará quien lo escuche o lo lea. En simplicidad esto es algo que últimamente me ha sucedido, y lo peor: sentir timidez y al mismo tiempo preguntarse a sí mismo si lo que uno hace es correcto.

La misma actitud de siempre… ¿¡Por qué no lo haces y ya!? Sí quiero cambiar puedo hacerlo pero temo fallar como en ocasiones pasadas… Sé que todo esto suena incomprensible e inoportuno; me doy cuenta de que actué mal, sí, lo hice… Ya lo sé, pero… ¿acaso podré superarlo?

De vuelta a mi temor e incluso te pregunté: “¿Qué prefieres, callar o decir las cosas?”. Tu respuesta era obvia, tú siempre tuviste la facilidad de expresar las cosas sin temor alguno a qué piensen de ti; es algo que siempre he admirado de ti. Es triste remarcarse a cada instante que el “hubiera” es algo incierto, no existe (y ni siquiera literalmente). Y quizá te preguntes el por qué de estas palabras que tal vez te estén quitando algo te tu tiempo al molestarte con leerlas, solo simplemente me atemorizo de verme a mí mismo actuar incorrectamente; y todo esto lo digo porque como ya sabes y alguna vez te dije, me he puesto a pensar en ti; sí, ya sé, ya sé, suena incoherente ¿no? pero todo esto viene a que tenía qué desahogarme de alguna manera y no sabía con qué medio hacerlo, es decir; todo este tiempo distante me hizo pensar y recapacitar sobre mis errores y ¿sabes? por mucho tiempo tuve la errónea idea de que éstas mis equivocaciones jamás podría enmendarlas y es algo que no me dejaba ver con claridad, ahora sé que sencillamente con querer puedo reparar mis desatinos.

Como dije, últimamente he dedicado y enfocado mi mente a ti y creo saber por qué, siempre sentí que tú y yo tuvimos una conexión muy especial pero no sé qué decir de mis comentarios y palabreríos pasados.

Por recordarte y tratar de traer a mí tu presencia me estremezco y arrepiento de no haber sido contigo como creo que tú querías… aquél chico que que te llenara de comentarios lindos y te expresara sin problema lo que sentía y pensaba (y en cualquier situación), debo reconocerlo, al estar contigo fui muy frío, vacío y gris, y es esto justamente lo que en parte me hace estar escribiendo esto para ti.

Pero ¿sabes? creo en segundas oportunidades (y tal vez esto lastime un poco) *Habíamos acordado darnos otra oportunidad y lo arruiné todo.*

Quisiera de alguna manera demostrarte que he cambiado (“mejorado” sería la palabra precisa) en cuanto a esto de ser más “abierto” y expresar las cosas; he evolucionado por así decirlo y esto gracias a grandes y cautivadoras experiencias que he tenido.

Sé que fallé y que hice cosas viles, incluso pensaba que hablar contigo sería de ahora en más algo complicado (no me hagas caso).

Solamente elegí este medio para comunicar algo de mi pensar en estos momentos hacia ti, estoy consciente de que debo agradecerte demasiadas cosas y lo considero […] como un pequeño detalle que espero aunque sea una minúscula parte de este mensaje se quede en ti.

¿Por qué no comenzar con mencionar lo bien que me sentí al escuchar tu voz? Recuerdo que muchas veces te decía: “-me gusta tu voz…” y en efecto, es ese sonar tan suave que muchas veces me hizo vibrar y debo decirlo, esta no es la excepción, creí extintas esas ocasiones en que podría tener el privilegio de escucharte y saber así que estás bien, me hice a la idea de que era ajeno a mí ese tierno y reconfortante repique: el de tu voz… Por bastante tiempo estuve exiliado de ti y sí, haré notar que soy débil y lo digo porque sigo cayendo rendido al volver a oírte, escuchar tus emociones y tu agradable cambio de estado de ánimo… ¡me gusta!

Muchas veces escuché la frase “Uno nunca valora algo hasta que lo pierde.”, y veo que si lo aplicara a mi contexto es realmente cierta. Con todo el tiempo que tuve para meditar acerca de lo que hice me percato de que comienzo a valorarte todos los momentos y detalles que me regalabas: me hacías sentir pleno; empiezo a creer que siempre fui ciego y no veía a quién tenía a mi lado: a ti, una chica excepcional que sin duda alguna admiro por su fortaleza y no se detiene por cualquier cosa, por ser perseverante y no decae con facilidad… -Sólo quería que lo supieras.

Otra cosa de la que me he dado cuenta es que en verdad llego a sentir en momentos una necesidad de sentir un abrazo tuyo (creo que a eso se le llama “extrañarte”), sentirte cerca y disfrutar de tu compañía… Es cierto, te extraño y no sé, pero es una sensación algo chusca, siento mariposas en el estómago (literalmente, claro) de pensar o hacerme en mi mente una imagen de ti frente a mí y poder contar con esa prebenda: la de abrazarte…

Sin ti muchas veces me sentí solo, no quiero ni imaginarme qué provoqué en ti al hacértelo… ¡cuánto lo siento!

Creo que por ahora es todo, sé que es algo extenso, solo medita en esto que acabas de leer, quizá ya no esté contigo para cuando lo concluyas pero me llevo un mejor sabor de boca de saber que expresé un poco de mi sentir; redundantemente vuelvo a decirte GRACIAS por dedicar un pequeño instante para enterarte de lo que oraron estas líneas…

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