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Sentimientos sin nombre…

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Duele ver que las cosas han dejado de ser lo que solían ser, duele recordar la magia con que brillaban sus ojos al mirarme, expectantes, siempre con la fiel disposición de saber de mí… Tuve la culpa, lo sé, perdí la gran oportunidad que tuve, la desaproveché y se escurrió de mis manos como agua cayendo al vacío… Cuando “recuperé” otra oportunidad me juré a mí mismo que no cometería los errores del pasado, me dije que no desaprovecharía esta oportunidad… Ahora mira, te sientes aprisionado entre tus defectos y la ferviente voluntad de mejorar las cosas, pero no puedes hacer nada… Buscas desahogarte escribiendo, tratando de que algún párrafo, algún verso o alguna palabra digan la clave de todo…

Duele ver que los sentimientos son tan volátiles, duele ver que no soy capaz siquiera de explicar con exactitud lo que siento, a veces quisiera solucionar las cosas pero nunca encuentro la forma correcta de hacerlo, tal vez sea que mi impotencia me subyuga con tal fuerza que no puedo soportar… Son tantos sentimientos encontrados… Miro tu foto por largas horas hasta que mis ojos se apaguen, como deseando verte entre sueños, para que al menos en ellos seas otra…

Ahora, solo mira mi forma de escribir, tan contrariada… ¿Por qué es tan complicado para mí? La primera lágrima se desborda y arde en la mejilla mientras se desliza lamiendo mi piel… Duele tanto…

Que las palabras hablen por mí…

Incluso cuando el inmutable paso del tiempo me robe la vida en un suspiro, no prescindiré de todos esos recuerdos que se materializaron, tantas lunas eclipsadas y palabras no dichas; sé que el sol no se tapa con un dedo, y sé también que las estrellas seguirán mostrándome la puerta al pasado… ¿Pasado? ¿Es ahí a donde realmente quiero volver? Durante mucho tiempo creí no perdonarme, me hice a la idea de haber terminado aquí, arrinconado en la habitación, emitiendo lastimosos gemidos de llanto; no sé, no lo comprendo, ¿qué fue lo que hice? ¿acaso insistí tanto que hasta lástima sentías por mí y decidiste volver a darme entrada? Eso no lo sé, pero tampoco tengo fe en ello; tratando de hacer hablar a la tierra, y callar el silencio de tus labios, ¿en qué habré fallado? ¿en qué acerté? Dices: Te amo, que nunca se te olvide. Pero entretanto, yo dejándome ahogar con tus palabras, que de a poco me fueron reconfortando, ahora me dejan flotando en la inmensa vastedad de un cielo tan nublado; no puedo ver siquiera más allá de mis brazos, no siento la gravedad, ¿acaso has hecho un conjuro que me mantenga atado a ti?

Por mucho tiempo y en reiteradas ocasiones escuché la frase de: “Deja atrás tus ataduras, suéltalas, olvídalas…” No como acto de debilidad pero tampoco de fortaleza es que yo sigo aquí, pensando en ti, sino por acto de amor incomprendido, de sentimientos sofocados y ásperas lágrimas que desgarraban mis mejillas; porque hay ocasiones en que sí, llego a pensar que el amor viene por añadidura, y conduzco mis pensamientos a la egolatría y la frivolidad; pero no, TÚ, imagen substancial, primordial en mi vida, has dejado marcado el corazón de este pobre chico que sigue viendo en ti lo que él siempre deseó indirectamente, alguien que le acompañase por el postrer del tiempo, de los años, las décadas… Pero no lo comprendo, ¿soy yo acaso el único que ve esa belleza incomparable en ti? ¿Por qué tú no lo haces? Me entristece un poco que no logres deshacerte de esa horrenda sombra negra que detrás de ti va, turbando tus pensamientos y tu mirada, que tan arraigada a ti se encuentra, tanto como para que ni tú misma te reconozcas; dices: Tengo miedo, miedo de que quedes exhausto de mí y des la media vuelta sin previo aviso…

No, deshazte del miedo, que no es más que una idea errónea de lo que realmente sucede, comprende por favor, ¡yo te amo!

Erick Brandon E. Botello

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