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Un impetuoso sendero por andar…

Qué sorpresa la mía al encontrar que alguien admiraba mis obras, un día inciertamente conocido me percaté de que “alguien” me admiraba mediante las líneas que escribía, una ocasión le encontré y conversaba conmigo, era aún un enigma para mí saber quién era, solo la identificaba por su manera de escribirme; recuerdo que mientras conversábamos el tema de ésta plática era aleatorio, sin en cambio algo dentro de mí me hacía tener un presentimiento bueno, y carezco aún de la certeza para decir que el destino me ha puesto a su “alcance”, simplemente… sucedió. Mientras más pasaba el tiempo me daba cuenta de que de alguna manera al admirar mis manuscritos, éstos le cautivaban, encontraba un sutil interés por mí que emergía en ella, algo que sin duda me complace.

Pasaban los días, las horas, los minutos, los segundos… Y me percataba de que de alguna u otra manera ella buscaba la forma de contactarme, encontrar una coincidencia o algún motivo por el cual lograr un roce entre nosotros… Siendo sincero, encuentro ahora bastantes razones para involucrarme es sus pensamientos sin siquiera estar consciente de ello; logro hallar similaridades entre dos orbes separados, que aunque distantes, poco a poco irán contemplándose, conociéndose, y apoyándose mutuamente, de allí que puedo mencionar lo impreciso que llegaría a ser al pronunciar mi sentir frente a su laudable, divina y excelsa majestad… No sé cuánto tiempo ha pasado desde que comparto mis experiencias, vivencias y gustos con ese ser único e indudablemente plausible, por ser simplemente quien me ha mostrado parte de su esencia y que inquietamente anhelaría ubicarse a limítrofe distancia mía… Pero ¿cuál es su sorpresa? Yo soy el que teme, el que por más que lo medita no se cree lo que le dice, lo que ha llegado a hacer o sentir por mí, alguien que triste e indefenso iba, lleno de culpas cargándolas como una presión asfixiante que ejerce un cuerpo sobre otro más pequeño… Pero, ¿estoy seguro de lo que quiero? pienso. Y si cuando me vea ¿dirá que por “este” se ha desvivido últimamente? ¿Y por qué..? ¿Y cómo..? Y una gama de cuestiones que sí, lo acepto, no podía dejar de plantearme. Debo reconocerlo, en ciertas ocasiones olvidaba lo que se siente que alguien admire algo que haces, sea grande o minúsculo, pero ése no es el punto, lo que importa es la intención y claro, en varias veces le mostraba un lado de mí que pocas veces demuestro, todo por no saber qué decir o qué contestar; me alarmaba un poco pero esto se convertía en una especie de hábito, el encontrarla y conversar con ella “…y así la fui queriendo a diario sin una ley, sin un horario”.

Ya han pasado no sé cuántas albas y madrugadas desde que le conocí y mañana tendré la oportunidad de por fin verla, y conocer esa sonrisa que una vez le dije; podría cautivar a cualquiera, y no me equivoco, es cierto. Sí, tengo un impetuoso camino por andar, y lo digo porque la causa de que ahora esté sentado aquí es estar recordando el encanto que provoca su fragilidad, al ser ella misma sino con parsimoniosa serenidad relatar todo aquello que le atormenta y que descubra en mí ese consuelo, ese amor o ese simple hecho de encontrarme cerca suyo, no sé, por fin tuve la sinecura de mirarle a los ojos cuales laberintos sin fin en los que cualquiera podría extraviarse, que tímidos y con modestia me miraban, hasta cómo ver el viento que jugaba con su cabello castaño, tal si fuera un baile eterno de concordia y cadencia intachables. Me he quedado estupefacto de mirar qué sutiles son sus ademanes, sus atributos; hacer alusión y elogio a su delicadeza, su insigne modo de hacerme caer por uno de los muchos métodos que existen para doblegarme ante ella: Escucharla al nombrarme, decir esas efímeras sílabas con sublime, tierna y sensible dicción, que por ocasiones entrecortada su palabra por temor a que ésta se le sea refutada, rechazada y sino por quién: Por mí desafortunadamente… Pero que al momento de narrarme lo que ha sido capaz de sentir, que me he vuelto parte importante, medular y esencial de su existencia, quien le hace sentir una paz y placidez inmensas pero que por momentos allí está, buscando una respuesta por mi parte que por mis traicioneros y desleales modos de pronunciarle oraciones agradables, siempre soy yo con mi estúpido temor, algo que realmente es inefable, inaceptable… Intento ser lúcido, pero mi precaria capacidad de demostrar las emociones, que a punto de desbordarse estaban al momento de sentirle tan cerca, al sentir cómo irradiaba de su celestial calor a este frío y seco corazón por las innumerables faltas que ha cometido; al percibir su excepcional y mágico toque tan suyo; sus encantadores modos de hacerme corromper y terminar anonadado por tal hecho.

Digamos que solo he dado unos cuantos pasos con el objeto de descubrirle, y descubrirme a mí mismo, porque, son tantas cosas las cuales tenemos en común que, si no me equivoco, uno al otro se apoyará y llevará de la mano por el buen sendero, tengo que decir que nunca me había dedicado a escribir de esta manera, pero como sé y aseguro, asevero con firmeza que nada es mejor que estar a su lado… Solo me pongo a pensar: “¿Pensará en mí como yo en ella? No imagina cómo me siento después de haberle conocido, de haber podido encontrar a alguien que me pronunciara las palabras precisas para fantasear que para ella solo simplemente soy algo importante, algo esencial…” Estoy bajo el yugo de su encanto, ése que me hace suspirar a cada momento, el que me hace desear hallarme de nuevo entre sus brazos, ¡ése que sencillamente me tiene loco! Ahora tengo por qué sonreír, por qué despertar, por qué estar escribiendo esto sólo para ella.

Me ha sido complicado pernoctar de solo enfocar mis pensamientos a su insigne ser, hago el insistente intento de dormir pensando en ella, para así lograr probablemente contemplarle en sueños, donde para mí todo es posible, ojalá pudiese alguna vez, mirarla al dormir, ver su rostro angelical, cómo desearía saber si en alguno de sus pensamientos me encuentro yo, si por siquiera en un segundo de éstos estoy yo… Son sus maneras, sus ademanes, sus formas, sus modos los que me hacen entrar en sintonía e identificar una y cada experiencia que ambos hemos tenido, es decir, es como si de pronto me llevase a su mundo, a su mundo de posibilidades, donde cualquiera puede perder el rumbo, seguir el sonido de su voz y “dejarse llevar”… Sí, ahora que lo recuerdo, esas fueron las dos palabras que me sometieron, me aprisionaron… Pero pretendo ser su prisionero, quiero ser su cautivo.

Hoy es nueve de enero y ya van dos días de que pude tener un encuentro presencial con ella, amanecí algo inquieto, pero muy sonriente; una hora después y allí está, mantengo la mirada en el reloj con tal de mirar cuánto puedo soportar en su ausencia, con unas indescriptibles ganas de salir corriendo y buscarle, mirarla de frente y unirme a ella en un fraternal abrazo y pronunciarle las sílabas apropiadas, las que le hagan comprender que la he extrañado, que he sentido los inmensos impulsos de mirarla a los ojos sin decir nada, dejar que nuestras miradas digan por nosotros lo que cada uno quiere decirse, solo quedarse en silencio, y qué mejor forma de disfrutarlo que estando frente suyo; estoy más que decidido a darle lo mejor de mí, porque tengo la certera decisión de ofrecerle sino todo lo que tengo…

Sí, heme aquí caligrafiando lo que desde lo más recóndito de mi interior va dirigido hacia ti, solo a ti… Este es el camino que recorreremos juntos, te aseguro que estoy contigo, y que lo que diga el tiempo con su voz tempestuosa, sea lo que mejor convenga a ambos, y es que yo tengo un grandioso presentimiento de todo esto, nunca olvides que estoy más cerca de ti que tu propia respiración, y créeme busco ayudarte en lo más que se pueda…

Hoy quiero anexarle más cosas a este post debido a múltiples e insignes razones, cómo no elegir viajar en un suspiro suyo siendo guiado por el brillo de sus ojos ante la envolvente noche iluminada tenuemente por el lustre de la luna, sí, ella es mi guía, quien ahora me dará la pauta para continuar en este sendero por recorrer, quien

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