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En espera de ti…

Si se fueron tras de ti todas las noches, casi todas las canciones y veinte mil cosas más… Si se fueron tras de ti las madrugadas y los besos que me matan y más de un millón de sueños que ya nunca volverán… Nunca fue sencillo vivir con el corazón paralizado, sin sentir que aún podía palpitar, sin contemplar la luz que se escurría en mi ventana… Mirar aquél pasillo en que antes habías dejado tu aroma impregnado en sus paredes, empapaste de ti suelo, techo y alrededores de esa habitación, de aquel sillón en que jamás volví a sentir tus besos… Salí de mí y me observaba sin expresión como pasmado junto a tu silueta transparente mirándome, tratando de llamar mi atención pero no te sentía, luego en tu intento por llevar mi esencia contigo me besabas sin resultado alguno, pues simplemente me atravesabas… Te esfumaste en el aire en minúsculas partículas de luz esparciéndose en todo el lugar… Me levanté y volví a mi habitación tocando esos muros donde dejaste parte de ti; dirías que enloquecí en mi intento de besar esa fotografía tuya que nunca dejé de mirar antes de dormir… A veces ganaba, a veces perdía, trataba de ver el vaso medio lleno colgando los ojos en la ventana con expectativas de mirarte regresar… Las tardes, las noches transcurrían cual arena en un reloj, la luz llegaba en efímeros instantes, pero siempre la penumbra se adueñaba de todo rincón. Recuerdo haber visto un tímido rayo de luz que aún sobrevivía en una lúgubre oscuridad; me acerqué y descorrí las cortinas, de pronto todo se iluminó, mis ojos te habían visto volver, después de haber desbordado incontables lágrimas que lamían mis mejillas con un ardor casi sobrenatural; así pues luego salí corriendo a la puerta para abrirte… Sonreíste, sonreí, en ambos había una expresión exteriorizada de emoción e ilusión; después de tiempo indefinidamente breve me abrazaste. –Te he extrañado como no tienes una idea… Se hizo el silencio y luego, casi sin palabras y nuevamente con un brillo cegador en mis pupilas lluviosas dije: –¿Dónde te dejé? Creí jamás volverme a hallar en este momento viviéndolo contigo, entre tus brazos… No contestaste, y me abrazaste con más fuerza, logré sentir una sensación de humedad en mi hombro, eran lágrimas de alegría las tuyas absorbiéndose por mi camisa y rozando levemente mi piel…

Creí nunca más volver a sentir el calor de tu pecho junto al mío, de tener la sensación de tus dedos entrelazados con los míos como jugando a hacer nudos en una tarde que presentaba un grisáceo cielo que parecía observarnos en nuestro maravilloso encuentro… Hasta el viento susurraba entre nosotros claramente: -Ámense… Sentí un ligero escalofrío desde la base de mi columna hasta la cabeza y temblé, preguntaste: ¿qué sucede? Mientras me mirabas. No supe qué contestar en ese instante. Todo parecía tan bello, tan hermoso, nada podría ser mejor…

No terminaría de describir cómo es que hice de mi vida un abismo sin fondo con tanta desolación dentro de mí, pues mi pasado se fue contigo y el viento se llevó tus ojos, nada era igual… Y yo seguía preguntándome “¿por qué?” Seguí amándote en cada instante, no importando qué sucediera, este sentimiento prevaleció y mira ahora, de nuevo es que estamos juntos.

Un amor que nunca se apagó estuvo dentro de mí ardiendo en espera de ti…

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Efímero…

Haciendo un paréntesis a esto… (Decidí no continuar con la segunda parte de mi post “Oshara”, por ahora le estoy dando más importancia a esto que ahora me acontece…)

Me entristece ilusionarme tanto por imaginar un quimérico amor platónico que (pensándolo mejor y últimamente bien meditado) me hiere. El amor lastima, pero creo que ya no sportaré por mucho.

Solo quería escribir esto, aunque es realmente breve, quería expresarlo, me siento mal…

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