Archivos Mensuales: abril 2017

Reencuentro…

Reencuentro

Ahí estaba sentado, pensando en cómo actuaría, qué le diría y lo que eventualmente sucedería si él actuase de cierto modo; entonces sonó un timbrazo y se desconcentró, se despojó de su apacible estado, se levantó presuroso, cogió las llaves que estaban en la lustrosa mesa y al instante se hacían presentes sonidos agudos, metal con metal golpeteando, se dirigió a la entrada principal, ella lo estaba esperando, con la sonrisa dibujada en el rostro, él agachó la cabeza como evitando el contacto de sus miradas, entonces al aproximarse a la puerta eligió la llave correcta y se dispuso a abrir.

—Hola —dijo él con voz tranquila—.
—Hola, ¿cómo estás? —respondióle—.
—Adelante, pasa…

En ese instante él levantó la mirada y la contempló, parecía tan perfecta, su silueta encajaba perfectamente con el ambiente cual par de piezas de rompecabezas al embonar; con el cabello suelto y sin forma fija, sus destellantes ojos y la fulgurante fragancia de su perfume al pasar impregnaba el aire; respiró hondo y sólo la contempló pasar, luego, al cabo de unos minutos ella se adentró a la casa y tomó asiento en la espaciosa sala de estar.

—¿Deseas un vaso con agua? —él le preguntó con voz tímida—.
—Sí, gracias. —con la mirada fija en él y una sutil curvatura en sus labios evocando un suspiro hacia sus adentros—.

Él se apresuró, cogió un vaso azulado de vidrio en forma de prisma hexagonal, vertió agua en él hasta llenarlo casi en su totalidad, se aproximó a ella y le tendió la mano para entregárselo, casi al instante ella tomó el vaso y sus dedos rozaron ligeramente con los de él, pero parecía que él no lo había notado. Entonces entrecruzaron algunas palabras para conversar sobre sus últimas actividades y demás, seguidamente, sin que él se percatara, ella posicionó el vaso en la pequeña mesa de centro y se levantó silenciosamente, y antes que él pudiera decir palabra alguna ella lo abrazó con todas sus fuerzas, lo estrechó entre sus amantes brazos y le dijo:

—Te he extrañado tanto…

Él correspondió el abrazo y una expresión de alegría y ternura se posó en su rostro, él la abrazó todavía más fuerte y recargó un poco su cabeza en la de ella más ligeramente y con delicadeza, ella parecía haberse percatado de sus movimientos e hizo un movimiento similar al de él, luego entonces él respiró hondo como queriendo que el aroma de aquella bella chica se hiciera uno con él, se impregnara en su cuerpo.

—Tu cabello huele delicioso —díjole mientras acariciaba sus cabellos—.

Ella no respondió. Se separaron escasos centímetros y se miraron fijamente, el laberinto que se entreveía en las pupilas de ella provocaban incontrolablemente la perdición de aquél tímido chico, pues sus ojos lo extraviaban, estaba dentro de un sendero sin salida, ambos permanecían en silencio y, apenas audibles, sus respiraciones se dejaban notar; en seguida él besó sus mejillas y permaneció recargado frente a frente con ella, eran casi un único ser, pero ninguno se atrevía a besarse, él ligeramente abrió la boca y respiró hondo, al percatarse de ello, ella se inclinó para alcanzar su boca y lo besó, nada podría perturbar el momento, luego él tomó la mano derecha de la chica y entrelazó sus dedos con los de ella apretándolos, ella acariciaba el brazo derecho de él, tan levemente, casi imperceptible, luego se fundieron cuales gotas de lluvia en la inmensa vastedad de los sentimientos y la notable atracción entre ambos seres; él podía percibir el suave y dulce aroma de su piel, el calor de su respiración; cerró los ojos y se dejó guiar por las sensaciones y el latir de su corazón, el momento parecía interminable, era precioso, inefable…

«Porque sólo tú eres capaz de hacerme perder la cabeza y pierda la noción de las cosas. Porque tú me haces caer al vacío sin herirme al impactar con el fondo, llegar hasta ti y hacer de ti otra parte de mí, no te alejes de mí, ámame como yo te amo, las cosas son más simples y sencillas si estás conmigo, porque me hiciste sucumbir, y aunque no lo quiera admitir, no soy lo suficientemente fuerte para soportar tu presencia sin caer extraviado y volverme esclavo de tu voluntad…»

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