Estabas ahí…

«Debía ser más astuto para atreverse a tomarla de las manos y declararse…»

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¿Le has sentido? Tu mirada atravesaba el cristal de la ventana del tren, mientras un tiraje de imágenes corría rápidamente de derecha a izquierda, calles apenas bañadas con la luz agonizante del día. Te preguntaste por qué estabas en ese lugar, ¿sería coincidencia?

Pero no te percataste de que no estabas solo, ese lugar estaba lleno de vida, o al menos eso parecía, todo el mundo apagado, apático con el clima, disgustado… Biológicamente hablando, en efecto, ese lugar estaba lleno de vida.

Ya debían ser pasadas las seis y el viento susurraba un gélido aliento, incluso parecía que los cielos estaban a punto de condensarse. Estabas recargado en el barandal contiguo a la puerta, no era muy difícil notar aquél clima tan característico del último mes. La inercia del tren, al parar en la siguiente estación, obligó a tu cuerpo a inclinarse al frente, luego volviste a recuperar la postura y las puertas se abrieron de par en par, tenías que moverte un poco para no obstruir el paso y dejar pasar al desfile de figuras acromáticas frente a ti. Luego reparaste en que alguna que se aproximaba desde afuera era la única que radiaba viveza y color, cruzó la puerta y quedó a tu derecha, al principio no la reconociste, pero después de unos segundos te aseguraste de que era alguien conocido. Era ella…

De inmediato ella te notó, su rostro se iluminó, se encendió su mirada, entonces sin dudar se lanzó hacia tu pecho con los brazos abiertos. Acercóse luego a ti y cuando intentaste robarle un beso a sus mejillas casi logras besar sus labios, pero no por voluntad tuya nada más, ella estaba deseosa de hacer lo mismo… Entonces finalmente le abrazaste, era tan real, era como un ligero palpitar, podías sentir su respiración en tu hombro derecho, era como si tuvieses su corazón entre tus manos, latiendo con calma, vibrando en sincronía con el tuyo. De pronto percibiste el delicioso aroma que emanaba de entre su piel y sus abrigadoras prendas, algo almibarado, sutil y escandaloso, ¡intoxicante!

Podrías haber perdido el aliento, al haber sido éste consumido por su laudable presencia. Eras capaz de sentir la incandescencia de sus manos sobre tu espalda, podías escuchar sus casi inaudibles palabras, ahogadas por el murmullo ambiental… Apagaste la mirada…

Despertaste, ya el Sol alcanzó tu ventana y todavía crees que estás con ella, acurrucado en su pecho… No demoras mucho en reparar que tu experiencia onírica había sido sólo eso, irreal, el sueño más bello en mucho tiempo…

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Acerca de Erick Brandon

Un chico simple y serio. Nada más.

Publicado el diciembre 21, 2015 en Sin categoría. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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