Despedida

Desapego

Nunca es fácil desligarse de las cosas, de las personas, de los sentimientos. Y es que a veces ya no es posible saber qué es bueno, si guardarlos en un cajón oscuro y olvidar que ahí los almacenamos o luchar por despojarse de ellos definitivamente. Puede que nunca queramos hacer alguna de las dos cosas. Sin embargo, no siempre podemos «tener» lo que tenemos por siempre, sea cual fuere su índole. A veces hay que ceder para que las cosas sigan su curso, sin poner resistencia a los cambios, al transcurso de la vida; a pesar de que dichos cambios sean difíciles de sobrellevar sin al menos «sufrir» un poco.

Pero hay que tener en cuenta que sin los cambios, todo se volvería monótono y, por tanto, hay que adherirnos a ellos sin temer, porque siempre ocurren a nuestro al rededor, aunque no lo notemos, como el simple hecho de que en una melodía haya tonos altos y bajos en un orden, además de adecuado, nunca repetitivo, que siempre adherido al cambio; como el transcurso del día y la noche, como ver la ilusión del tiempo pasar.

Nunca se está preparado para afrontar los cambios, ni tampoco se está preparado para las consecuencias que estos lleven consigo, pero se puede estar «preparado» para disfrutarlos o para sobrellevarlos, en todo caso. Por eso, cuando se «esté» debe estarse siempre en el momento, en el preciso instante, porque tanto como el ayer ya pasó y el mañana es un misterio, el ahora es un regalo (de ahí que se llame «presente»), y por ello, cuando se tenga a alguien o a algo, hay que valorarle, procurarle y por qué no, amarle. Todo es incierto, uno no puede prever qué sucederá después, por ello, siempre que se tenga oportunidad, hay que aprovechar y expresar lo que se siente, callar al silencio y dejar salir tu voz, que diga lo que piensas, lo que sientes. Usufructuar que todavía podemos hacerlo y que el otro o la otra nos escuche, para que cuando esa persona tenga que marcharse, sin importar el origen de su decisión, de una situación o un evento misteriosamente aleatorio, podamos «adaptarnos» a tan repentino cambio.

Es tan extraño darse cuenta de que cuando se tiene «todo» uno demerita el valor de las cosas, como si durante un periodo perenne pudiéramos conservar esas cosas, cuando todo es al revés, pues todo transcurre en lapsos tan efímeros que sólo nos damos el espacio para valorar las cosas cuando éstas, ya sin remedio, están destinadas a perderse y uno, en un vago intento por retenerlas o recuperarlas, fallamos al instante.

Ya no «esperes» a que sea muy tarde para valorar lo que tienes y después te lamentes por no haber hecho algo más para que todo fuera efectivo en su momento.

Siempre hay un tiempo para marcharse aunque no haya sitio a dónde ir

Erick Brandon E. Botello

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Acerca de Erick Brandon

Un chico simple y serio. Nada más.

Publicado el julio 21, 2015 en Sin categoría. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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