Encuentro…

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Nada, ahí estaba ella, semidesnuda, su piel se teñía de miel y la noche sucumbía con el tiempo, pero parecía que aquel instante era eterno, sin fin… Una sonrisa dibujada en su rostro a la mitad y sus cabellos en derredor a su cuello hasta sus hombros, el ambiente se había manchado de su aroma, un suave fulgor invisible pero perceptible, lívido, dispuesto en la concentración perfecta, un leve perfume dulce o quizá fresco… Lo miró, como invitándolo a acercársele, su mirada, tan profunda, en sus ojos como piedras preciosas estaba reflejado su deseo, él, sin en cambio, se turbó, estaba a escasos centímetros de ella, suspiró, se acercó y cerró los ojos, buscó apaciblemente el encuentro entre sus bocas, y una vez sintió el roce de sus labios con los de aquella bella chica se quedó a expensas del destino, de lo que pudiera suceder después, ya no importaban ni tiempo ni espacio, el momento permanecía inalterado y los movimientos de aquellos dos seres eran tan sutiles y delicados que se dejaban llevar por sus sentidos que, aunque dislocados, les proferían de sensaciones que jamás habrían imaginado ni experimentado mientras iban grabándose en la memoria de ambos; ella correspondió el beso sin dudar, apagó su mirada y se entregó a él, parecía que derramaba lágrimas de júbilo y encanto, se aferró a él y lo abrazó con fuerza, él se deleitaba con el leve perfume que ella emanaba, sus respiraciones se fundían con su aliento y entonces, lo insoslayable, la tomó tiernamente acariciándola desde su cabeza, pasando por su cálido cuello enredando sus dedos con su abundante y aterciopelada cabellera, llegó a sus hombros, la acercó hacia sí y con la lentitud de una brisa veraniega deslizó sus manos por sus brazos hasta los codos, ella suspiró, inhaló profundamente, y ambos ya entre las emociones y el regocijo de su encuentro, como en un cierto estado de éxtasis en total vastedad se hallaban, luego sin más y sin haber sido planeado, casi instintivamente él comenzó a besar su cuello apasionadamente inundado de excitación y se acercó a sus oídos y en un susurro le profirió palabras casi inaudibles y dejando salir con ellas cálidas e intermitentes exhalaciones a intervalos pausados:

–Te amo, –dijo–.

Ella no respondió al momento, pero él pudo percibir que ella asentía con la cabeza, tomó aire y seguidamente emitió un sollozo tan breve y luego le contestó:

–Y yo a ti. –Un poco agitada–.

Luego, de un instante a otro se hizo el silencio adornado con efímeros y casi imperceptibles sonidos de sus aspiraciones, ninguno pronunciaba palabras, ¡era un instante de máximo frenesí!

Y así la luz se fue atenuando hasta que ni sus siluetas eran posibles de contemplarse, no tenía noción del tiempo, hasta que en un sollozo despertó y abrió los ojos trabajosamente, un poco desilusionado respiró con viveza y a la vez se entristeció, pues aquella experiencia onírica era tan real que incluso aún tenía la sensación de tenerla junto a él, inclusive en la habitación reinaba el delicioso aroma de la chica, después notó que su almohada estaba húmeda de sudor, miró al reloj, éste marcaba exactamente las 2:46 a.m., trató de recordarlo todo y con cierta dificultad trató de plasmarlo en papel eludiendo no olvidar los detalles…

El amor brilla más fuerte en la obscuridad…

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Acerca de Erick Brandon

Un chico simple y serio. Nada más.

Publicado el enero 21, 2013 en Sin categoría y etiquetado en , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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