Entre unas lágrimas paralizadoras…

No dejaría siquiera que el viento te lastimara cuando roza tu rostro, tampoco que las palabras de los demás lo hicieran, te protegería de todo cuanto quisiera herirte, pero ¿sabes? Tengo miedo… Es un miedo profundo y a su vez tan volátil, que se entremezcla con mis sentimientos, que casi podría jurar que circula por mis venas, que va envenenando y matando de a poco mi alma, un impetuoso miedo que no puede controlarse, que está tan aferrado a mí que desconozco el modo de arrancarlo al fin; pero ¿sabes por qué es ese miedo? La causa se dice fácil, pero duele tan dentro que casi siento que físicamente mi corazón sufre, como si estuviese a punto de sufrir un infarto, y creo que se trata de un miedo que aún logra dominarme, que casi se burla de mí mientras yo, arrodillado frente a él, derramaré amargas lágrimas que correrán por mis mejillas encendiéndolas con un ardor insoportable… Tengo miedo de herirte otra vez, de que el simple hecho de tenerte me obligue casi por automático a lastimarte, sé que por ello no debería preocuparme tanto, pues quizá y muy probablemente eso jamás suceda, no cometeré los mismos errores de mi pasado porque he aprendido…

Ese miedo se ve reflejado en el sueño que acabo de tener:

Estaba tan bella, tan fresca, y nada parecía adverso, era de día y allí estaba ella; él, observándola, decidió que sería adecuado esperarle, ella dio la media vuelta y las miradas de aquellos dos seres chocaron con tal intensidad cual bala impactando fulminantemente a su corazón que se podía sentir esa explosión de sentimientos en el ambiente, sentimientos encontrados que colisionaban entre sí, luego de ello la saludó con una sutil sonrisa dibujada en su rostro, parecía que ella le correspondía el gesto con una tierna, cálida y perfecta curvatura de sus labios, una sonrisa tan mágica… Viajarían juntos, fue entonces que él la tomó entre sus brazos como deseando cobijarla y darle su calor, sin más se dirigían a la estación de trenes; él le cuestionaba alegremente:

-¿Cómo estás?

-Feliz de tenerte aquí conmigo-; respondió observándolo directamente a los ojos con una mirada que inspiraba ternura.

La conversación seguía su curso mientras caminaban por una estrecha calle, había muchas personas, era un lugar concurrido, pero en su mente no existía alguien más que ella cual últimos dos seres en este planeta; llegaron al fin a la estación y planeaban dirigirse a una especie de colegio, edificación que al parecer tenía muchos años de antigüedad. Abordaron el tren y se quedaron cerca de la puerta, como si su destino fuera muy cercano como para decidir tomar un par de asientos, él, recargado en la pared del vagón, atrajo consigo a su amada extendiéndole los brazos como deseando abrazarla, ella accedió y por lo que parecía no planeaba soltarla, la tomó entre brazos y decidió hablarle al oído; -Te amo, pronunció; al momento parecía que su cuerpo vibraba con esas palabras, pero no contestó; arribaron a su destino en un efímero lapso de tiempo, y cuando menos lo esperaban el tren ya estaba allí, en donde deberían bajar.

Salieron de la estación y caminaban muy despacio, con el fin de disfrutar más tiempo de la compañía del uno y el otro, fue entonces que ella comenzó a comportarse de un modo muy extraño y cambiante de forma repentina; se notaba seria y parecía distante, poco faltó para que él lo notara y de un momento a otro ella desapareció cual humo en un viento huracanado, luego entonces la buscó, demoró mucho en volverla a hallar, pero mientras tanto su corazón latía con más intensidad y con más repeticiones en su palpitar… Volvió a encontrarla, -¿Podemos hablar ahora?-, le preguntó seriamente, ella no pronunció palabra alguna y solo se volteó, como indicándole que le siguiera el paso, entonces él se adelantó y rápidamente se volteó frente a ella diciéndole,  – ¿Acaso ya no me amas? ¿ya no me extrañas?, hubo un lapso de un profundo silencio que enmudeció hasta el trinar de las aves mientras ella comenzaba a derramar sus lágrimas, cristalinas lágrimas que lamían su piel; él trató de secarlas, pues mirarla a ella tan triste lo lastimaba; hasta que al fin respondió: -¿Por qué dejaría de amarte? Pero tengo miedo, no quiero que nadie más me lastime, luego ella se lanzó a sus brazos y lo abrazó con gran fuerza prolongadamente…

Volví en mí y aún entre sueños comencé a llorar, derramé lágrimas con los ojos cerrados con un dolor incontenible casi inmóvil, luego me levanté y comencé a escribir esto…

El amor brilla más fuerte en la obscuridad

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Acerca de Erick Brandon

Un chico simple y serio. Nada más.

Publicado el junio 28, 2012 en Sin categoría y etiquetado en , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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