Elegir no evocar…

La naturaleza de nuestros recuerdos, de múltiple índole, infancia, actividades pasadas, experiencias, equivocaciones y un sin fin de categorías para clasificarlos.
Es casi imposible no tener recuerdos, que éstos nos acompañen a donde quiera que vayamos; caminando, en el auto, de camino a la escuela… Y también es casi imposible que los soslayemos porque siempre están allí, almacenados en nuestro maletín de memorias, desde las más remotas hasta las más recientes. Y a pesar de que es (como ya dije) casi imposible que nos deshagamos de nuestros recuerdos tenemos la libertad de elegir entre querer o no volver a citarlos mentalmente, pero ciertamente -y no me atrevo a mentir con esto- también podemos engañarnos decretando que ya olvidamos, que lo que nos sucedió ya pasó, que ya no duele, que ya no lastima, yo digo que es como en el corazón, siempre hay algo de la esencia de una persona que amamos que se queda grabada, marcada, tatuada en él y simplemente es porque ese algo que tienen todas nuestras vivencias quedan almacenadas, algunas más que otras pero ahí están y, volviendo a lo que decía; alguna cosa que nos disgusta, que nos perturba o nos nubla la vista cada vez que, bueno, la recordamos en ocasiones podemos entrar en un declive psicológico que muchas veces -y yo me incluyo aquí- nos hace pensar de manera fatalista, como si lo malo de nuestras experiencias se estuviese convirtiendo en algo cotidiano, repetitivo, consecutivo. Eventualmente cuando logramos parcialmente salir de ese cuarto oscuro que es nuestra propia negatividad intentamos formular una nueva forma de evitar que esto vuelva a sucedernos, a analizar el por qué de nuestra caída y una larga lista de cosas por rectificar, mejorar.

Cuando elegimos no evocar quizá estemos negándonos, haciendo alusión al engaño propio, a crear una mentira tan “buena” que es muy creíble y nos hace sin duda alguna cambiar radicalmente de parecer cuando no debería ser así, cuando elegimos no evocar también -además de otras cosas- nos liberamos de ese estanque que obstruye nuestro crecimiento, que bloquea nuestro presente y abandonamos al lúgubre pasado, algo que por cierto es muy benéfico porque entonces ¿qué sería si solo nos la pasáramos lamentándonos por cada acción mala que hicimos o viceversa, cada cosa mala que nos pasó? ¿acaso toda la vida estaremos condenados a esa cotidianidad? ¡Claro que no! Es momento de decir que estamos cansados de esta monotonía y hacer algo por renovarnos, no solo vivir mentalmente, sino plenamente, en todos sentidos, facetas y niveles.

¡Decídete y cumple lo que predicas!

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Acerca de Erick Brandon

Un chico simple y serio. Nada más.

Publicado el septiembre 1, 2011 en Sin categoría. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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