Con esa impotencia de no verle… ¡y con las enormes ganas de demostrarle que le quiere!

Le veía pasar a diario, siempre a la misma hora, podía distinguirla por ser simplemente ella, recordaba que una vez le encontró en la calle, lo observaba pero agachó la mirada, no era lo suficientemente aguerrido para entablar una conversación con ella, pensaba y decía, “vamos, sólo hazlo” pero creo que el miedo que experimentaba era más fuerte que él, solo imaginaba, “si ella supiera cuánto me ilusiono al verle sonreir”. Por ahora todo es como un sueño, imposible de que acontezca pero hermoso, lo que le hacía llegar a la conclusión de que el soñar no conoce límites, puede hacer, ser y convertirse en lo que quiere, pero esta libertad culmina al darse cuenta de que lo que siente por ella solo lo sabía él y nadie más, ni siquiera las personas más cercanas a él, sólo se interesaba por saber cómo se llama, qué le gusta, y decirle cuán linda luce hoy.

Siguió su camino y al elevar la mirada ya no estaba… miró a todos lados pero ya no estaba, ¿por qué agaché la mirada y no me le acerqué? ¡¿por qué?!, se preguntaba. Se culpaba a diario de no saber cómo conversar con ella, su terror del “¿qué pensará de mí?” no le dejaba ver con claridad…

Han pasado varios días y ya no le ha visto, ¿le habrá pasado algo? no se lo explicaba, quizá se demoró en hacer algo y por ello no le había visto; aunque extrañaba verla en la acera contraria, seguir sus pasos pero tristemente tomar otro camino y perderse de su vista a lo lejos. [He escuchado que a veces las cosas pasan sin que uno se imagine que ocurrirán, he llegado a dudarlo, pero sin en cambio, cuando a uno le pasan las cosas comprende que lo que dicen llega a ser cierto…] Así que una ocasión él se dirigía muy acelerado a su destino porque el tiempo transcurría y no veía avance, eran quizá las 8 de la noche, el resplandor de la luna hacía mover su sombra de un lado a otro, su única compañera en esos momentos; cuando se acercaba a un cruce y repentinamente chocó con alguien y tiró algunas de las cosas que llevaba, -Lo siento, fue mi error, permíteme ayudarte, dijo. Rápidamente juntó sus cosas y levantó la mirada para entregárselas… Era ella; el resplandor de la luna le ayudaba a contemplar su hermoso rostro, y el reflejo de la luna se dejaba notar en sus brillantes pupilas, estupefacto e inherte quedó al estar frente a ella y tan cerca sintiendo que su corazón latía fuertemente y más acelerado de lo normal, un envolvente silencio los invadía, su mente estaba en blanco y no encontraba palabras, podía contemplar cada mínimo detalle de sus ojos, la perfección con que fue creada… (eso fue un encuentro memorable) No fue hasta después de quizá unos dos minutos cuando con su entrecortada voz ella dijo, -Gra… gracias, perdón, fue mi culpa, debo irme, radicalmente él exclamó, -¡espera! ¿cómo te llamas?, -Ahora no puedo, espero volver a verte, hasta pronto. Después de este magno evento que aun consideraba sobrenatural quedó pensante y serio, en el moraba una inmensa alegría de haber estado tan cercano a ella y el que hayan cruzando palabras, pocas, pero valiosas.

→ Desde aquel momento, jamás la volvió a ver, es triste, pero aprendió la lección de no tener ese miedo de expresar lo que sentía.

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Acerca de Erick Brandon

Un chico simple y serio. Nada más.

Publicado el septiembre 7, 2010 en Sin categoría. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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