Reencuentro…

Reencuentro

Ahí estaba sentado, pensando en cómo actuaría, qué le diría y lo que eventualmente sucedería si él actuase de cierto modo; entonces sonó un timbrazo y se desconcentró, se despojó de su apacible estado, se levantó presuroso, cogió las llaves que estaban en la lustrosa mesa y al instante se hacían presentes sonidos agudos, metal con metal golpeteando, se dirigió a la entrada principal, ella lo estaba esperando, con la sonrisa dibujada en el rostro, él agachó la cabeza como evitando el contacto de sus miradas, entonces al aproximarse a la puerta eligió la llave correcta y se dispuso a abrir.

—Hola —dijo él con voz tranquila—.
—Hola, ¿cómo estás? —respondióle—.
—Adelante, pasa…

En ese instante él levantó la mirada y la contempló, parecía tan perfecta, su silueta encajaba perfectamente con el ambiente cual par de piezas de rompecabezas al embonar; con el cabello suelto y sin forma fija, sus destellantes ojos y la fulgurante fragancia de su perfume al pasar impregnaba el aire; respiró hondo y sólo la contempló pasar, luego, al cabo de unos minutos ella se adentró a la casa y tomó asiento en la espaciosa sala de estar.

—¿Deseas un vaso con agua? —él le preguntó con voz tímida—.
—Sí, gracias. —con la mirada fija en él y una sutil curvatura en sus labios evocando un suspiro hacia sus adentros—.

Él se apresuró, cogió un vaso azulado de vidrio en forma de prisma hexagonal, vertió agua en él hasta llenarlo casi en su totalidad, se aproximó a ella y le tendió la mano para entregárselo, casi al instante ella tomó el vaso y sus dedos rozaron ligeramente con los de él, pero parecía que él no lo había notado. Entonces entrecruzaron algunas palabras para conversar sobre sus últimas actividades y demás, seguidamente, sin que él se percatara, ella posicionó el vaso en la pequeña mesa de centro y se levantó silenciosamente, y antes que él pudiera decir palabra alguna ella lo abrazó con todas sus fuerzas, lo estrechó entre sus amantes brazos y le dijo:

—Te he extrañado tanto…

Él correspondió el abrazo y una expresión de alegría y ternura se posó en su rostro, él la abrazó todavía más fuerte y recargó un poco su cabeza en la de ella más ligeramente y con delicadeza, ella parecía haberse percatado de sus movimientos e hizo un movimiento similar al de él, luego entonces él respiró hondo como queriendo que el aroma de aquella bella chica se hiciera uno con él, se impregnara en su cuerpo.

—Tu cabello huele delicioso —díjole mientras acariciaba sus cabellos—.

Ella no respondió. Se separaron escasos centímetros y se miraron fijamente, el laberinto que se entreveía en las pupilas de ella provocaban incontrolablemente la perdición de aquél tímido chico, pues sus ojos lo extraviaban, estaba dentro de un sendero sin salida, ambos permanecían en silencio y, apenas audibles, sus respiraciones se dejaban notar; en seguida él besó sus mejillas y permaneció recargado frente a frente con ella, eran casi un único ser, pero ninguno se atrevía a besarse, él ligeramente abrió la boca y respiró hondo, al percatarse de ello, ella se inclinó para alcanzar su boca y lo besó, nada podría perturbar el momento, luego él tomó la mano derecha de la chica y entrelazó sus dedos con los de ella apretándolos, ella acariciaba el brazo derecho de él, tan levemente, casi imperceptible, luego se fundieron cuales gotas de lluvia en la inmensa vastedad de los sentimientos y la notable atracción entre ambos seres; él podía percibir el suave y dulce aroma de su piel, el calor de su respiración; cerró los ojos y se dejó guiar por las sensaciones y el latir de su corazón, el momento parecía interminable, era precioso, inefable…

«Porque sólo tú eres capaz de hacerme perder la cabeza y pierda la noción de las cosas. Porque tú me haces caer al vacío sin herirme al impactar con el fondo, llegar hasta ti y hacer de ti otra parte de mí, no te alejes de mí, ámame como yo te amo, las cosas son más simples y sencillas si estás conmigo, porque me hiciste sucumbir, y aunque no lo quiera admitir, no soy lo suficientemente fuerte para soportar tu presencia sin caer extraviado y volverme esclavo de tu voluntad…»

Cuando me vuelva a enamorar…

 

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Cuando me vuelva a enamorar, quiero reír sin parar; quiero volver a ser un niño; quiero confiar sin pensar que me van a fallar; quiero sentir que soy yo al que más quiere; quiero pasar los mejores y los peores días a su lado; quiero pelear sin razón para perdonar con razón.
Quiero sentir que vuelo y que no hay nadie mejor; quiero descubrir el porqué de las cosas; quiero bailar sin parar y que ella sea mi pareja favorita; quiero estar seguro de quién soy y quién es; quiero que no haya nada mejor que nuestro pequeño o grande tiempo juntos; quiero ser el hombre de sus ojos y que ella sea la mujer de los míos; quiero aprovechar el tiempo que no estuvimos juntos.
Quiero lograr ver en ella lo que nunca antes vi en nadie más; quiero cantar como loco canciones de amor; quiero que ame lo que hace y no se queje de ello; quiero que cumpla sus metas aunque sean locas, extrañas o muy inalcanzables; quiero conocer una nueva cara del amor; quiero tener los mejores detalles.
Quiero darle mi corazón completo y no solo trozos de él; quiero recordar cada día por qué estaré a su lado; quiero que exista el tiempo juntos y el espacio; quiero que viva cada día como si fuera el ultimo; quiero agradecer cada detalle; quiero que sea porque lo gano a base de hechos y no de palabras; quiero que se convierta en una gran amiga.
Quiero que se note la ilusión; quiero que tenga la confianza de decir lo que pasa en todo momento; quiero que sea yo la excepción de su vida; quiero que vea en mí un amigo, un apoyo y una guía; quiero guardar en mí los mejores recuerdos; quiero que no seamos dependientes el uno del otro.
Quiero sonreír todo el día; quiero que existan enojos y celos pero saber solucionarlo en el momento adecuado; quiero que cambie mi mundo en un instante; quiero que se note el amor en ambos; quiero diversión para los dos.
Quiero que apoye mis sueños; quiero que se sienta orgullosa de la persona que soy y seré; quiero que baste estar juntos para tener un buen momento; quiero comprenderla y quiero que me comprenda; quiero que todo sentimiento sea reciproco; quiero que me abrace con fuerza y nos sintamos protegidos.
Quiero que mis ojos brillen cada que la vea; quiero que no importe el pasado y sólo se viva el presente; quiero estar consciente de que todo puede pasar; quiero que una carta valga más que una flor; quiero que no le aburra lo simple; quiero que acepte mis fallas; quiero sentir que es real.
Simplemente ser el más feliz de todos, no arrepentirnos de lo que vivamos, aun cuando sé que no todo será perfecto; que hay días insoportables y dolorosos, porque sé de los malos ratos y comprendo el que no todo dure para siempre, si no cuidas de los momentos. Sólo quiero hacerla a ella la más feliz y que no tenga duda de estar a mi lado.
Cuando me vuelva a enamorar, simplemente quiero volver a sentir.

Estabas ahí…

«Debía ser más astuto para atreverse a tomarla de las manos y declararse…»

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¿Le has sentido? Tu mirada atravesaba el cristal de la ventana del tren, mientras un tiraje de imágenes corría rápidamente de derecha a izquierda, calles apenas bañadas con la luz agonizante del día. Te preguntaste por qué estabas en ese lugar, ¿sería coincidencia?

Pero no te percataste de que no estabas solo, ese lugar estaba lleno de vida, o al menos eso parecía, todo el mundo apagado, apático con el clima, disgustado… Biológicamente hablando, en efecto, ese lugar estaba lleno de vida.

Ya debían ser pasadas las seis y el viento susurraba un gélido aliento, incluso parecía que los cielos estaban a punto de condensarse. Estabas recargado en el barandal contiguo a la puerta, no era muy difícil notar aquél clima tan característico del último mes. La inercia del tren, al parar en la siguiente estación, obligó a tu cuerpo a inclinarse al frente, luego volviste a recuperar la postura y las puertas se abrieron de par en par, tenías que moverte un poco para no obstruir el paso y dejar pasar al desfile de figuras acromáticas frente a ti. Luego reparaste en que alguna que se aproximaba desde afuera era la única que radiaba viveza y color, cruzó la puerta y quedó a tu derecha, al principio no la reconociste, pero después de unos segundos te aseguraste de que era alguien conocido. Era ella…

De inmediato ella te notó, su rostro se iluminó, se encendió su mirada, entonces sin dudar se lanzó hacia tu pecho con los brazos abiertos. Acercóse luego a ti y cuando intentaste robarle un beso a sus mejillas casi logras besar sus labios, pero no por voluntad tuya nada más, ella estaba deseosa de hacer lo mismo… Entonces finalmente le abrazaste, era tan real, era como un ligero palpitar, podías sentir su respiración en tu hombro derecho, era como si tuvieses su corazón entre tus manos, latiendo con calma, vibrando en sincronía con el tuyo. De pronto percibiste el delicioso aroma que emanaba de entre su piel y sus abrigadoras prendas, algo almibarado, sutil y escandaloso, ¡intoxicante!

Podrías haber perdido el aliento, al haber sido éste consumido por su laudable presencia. Eras capaz de sentir la incandescencia de sus manos sobre tu espalda, podías escuchar sus casi inaudibles palabras, ahogadas por el murmullo ambiental… Apagaste la mirada…

Despertaste, ya el Sol alcanzó tu ventana y todavía crees que estás con ella, acurrucado en su pecho… No demoras mucho en reparar que tu experiencia onírica había sido sólo eso, irreal, el sueño más bello en mucho tiempo…

Despedida

Desapego

Nunca es fácil desligarse de las cosas, de las personas, de los sentimientos. Y es que a veces ya no es posible saber qué es bueno, si guardarlos en un cajón oscuro y olvidar que ahí los almacenamos o luchar por despojarse de ellos definitivamente. Puede que nunca queramos hacer alguna de las dos cosas. Sin embargo, no siempre podemos «tener» lo que tenemos por siempre, sea cual fuere su índole. A veces hay que ceder para que las cosas sigan su curso, sin poner resistencia a los cambios, al transcurso de la vida; a pesar de que dichos cambios sean difíciles de sobrellevar sin al menos «sufrir» un poco.

Pero hay que tener en cuenta que sin los cambios, todo se volvería monótono y, por tanto, hay que adherirnos a ellos sin temer, porque siempre ocurren a nuestro al rededor, aunque no lo notemos, como el simple hecho de que en una melodía haya tonos altos y bajos en un orden, además de adecuado, nunca repetitivo, que siempre adherido al cambio; como el transcurso del día y la noche, como ver la ilusión del tiempo pasar.

Nunca se está preparado para afrontar los cambios, ni tampoco se está preparado para las consecuencias que estos lleven consigo, pero se puede estar «preparado» para disfrutarlos o para sobrellevarlos, en todo caso. Por eso, cuando se «esté» debe estarse siempre en el momento, en el preciso instante, porque tanto como el ayer ya pasó y el mañana es un misterio, el ahora es un regalo (de ahí que se llame «presente»), y por ello, cuando se tenga a alguien o a algo, hay que valorarle, procurarle y por qué no, amarle. Todo es incierto, uno no puede prever qué sucederá después, por ello, siempre que se tenga oportunidad, hay que aprovechar y expresar lo que se siente, callar al silencio y dejar salir tu voz, que diga lo que piensas, lo que sientes. Usufructuar que todavía podemos hacerlo y que el otro o la otra nos escuche, para que cuando esa persona tenga que marcharse, sin importar el origen de su decisión, de una situación o un evento misteriosamente aleatorio, podamos «adaptarnos» a tan repentino cambio.

Es tan extraño darse cuenta de que cuando se tiene «todo» uno demerita el valor de las cosas, como si durante un periodo perenne pudiéramos conservar esas cosas, cuando todo es al revés, pues todo transcurre en lapsos tan efímeros que sólo nos damos el espacio para valorar las cosas cuando éstas, ya sin remedio, están destinadas a perderse y uno, en un vago intento por retenerlas o recuperarlas, fallamos al instante.

Ya no «esperes» a que sea muy tarde para valorar lo que tienes y después te lamentes por no haber hecho algo más para que todo fuera efectivo en su momento.

Siempre hay un tiempo para marcharse aunque no haya sitio a dónde ir

Erick Brandon E. Botello

23:02

Nocturno
El silencio, adornado de nocturno canto, yace junto con abisal telón, infinito, cósmico. Y los seres, amantes, se funden con las sombras, buscando el contacto entre sus bocas, interpretando danza sin igual y con la cadencia del pacífico viento. Sus cuerpos se entrelazan cual si fueran afines a sus modos, esculpidos para ambos encajar… De vez en vez sus miradas se cruzan, expectantes, reservándose las palabras para otra ocasión. Dejándose guiar por el clímax del momento hasta quedar adheridos entre sí…
El amor brilla más fuerte en la oscuridad.

Sentimientos sin nombre…

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Duele ver que las cosas han dejado de ser lo que solían ser, duele recordar la magia con que brillaban sus ojos al mirarme, expectantes, siempre con la fiel disposición de saber de mí… Tuve la culpa, lo sé, perdí la gran oportunidad que tuve, la desaproveché y se escurrió de mis manos como agua cayendo al vacío… Cuando “recuperé” otra oportunidad me juré a mí mismo que no cometería los errores del pasado, me dije que no desaprovecharía esta oportunidad… Ahora mira, te sientes aprisionado entre tus defectos y la ferviente voluntad de mejorar las cosas, pero no puedes hacer nada… Buscas desahogarte escribiendo, tratando de que algún párrafo, algún verso o alguna palabra digan la clave de todo…

Duele ver que los sentimientos son tan volátiles, duele ver que no soy capaz siquiera de explicar con exactitud lo que siento, a veces quisiera solucionar las cosas pero nunca encuentro la forma correcta de hacerlo, tal vez sea que mi impotencia me subyuga con tal fuerza que no puedo soportar… Son tantos sentimientos encontrados… Miro tu foto por largas horas hasta que mis ojos se apaguen, como deseando verte entre sueños, para que al menos en ellos seas otra…

Ahora, solo mira mi forma de escribir, tan contrariada… ¿Por qué es tan complicado para mí? La primera lágrima se desborda y arde en la mejilla mientras se desliza lamiendo mi piel… Duele tanto…

Palabras al azar…

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Hacía ya mucho que no escribía aquí, he dejado este blog bien abandonado, lo cierto es que con todo lo que tengo que hacer y en todo lo que tengo que pensar ya ni me queda tiempo para caligrafiar algo de palabras… Pues bien, resulta complicado sintetizar todo lo que últimamente me ha venido aconteciendo, desde el instante en que dejé de ser yo en algunos aspectos de mi vida, como por ejemplo, el que me cuestionara muchas variables de la existencia, el por qué las personas actúan de una manera y no de otra, el por qué de la injusticia y muchas cosas más… Me acuerdo de esos instantes en que muchos me preguntaban la razón de por qué estaba ‘solo’, o de cuando al escuchar su pregunta respondía con múltiples razones para tratar de justificar que eso del amor no era para mí. Bueno, apenas me doy cuenta de que estaba un tanto equivocado, es decir, pensar siquiera que “el amor” no era para mí sería como afirmar que ni siquiera yo me amo ni soy capaz de amar, por ejemplo a mi madre; vamos, que el contexto en que se aplique es lo que le da un nuevo sentido a mis respuestas: Eso del “amor no es para mí” estaba orientado a lo que es una relación de pareja con alguien, que si bien para mí resultaba un tanto innecesario, bueno, debo aceptar que en parte sí me sentía ‘solo’, le preguntaba a mis adentros si algún día alguien se adentraría en mi enredada naturaleza, si alguien conocería al Brandon que se esconde detrás de su silencio y su seriedad… Es algo extraño, siento que sí me he creído que cuando alguien se enamora de mí, lo hace mientras paso por un proceso de transición, en que todo lo necesario para cambiar mi perspectiva de las cosas se vuelve más sencillo de comprender…

Lo anterior parece un pensamiento recortado, incompleto, pues parece no tener ni cabeza ni pies, es más, ni siquiera parece tener orientación hacia algún punto en el que pueda ser comprendido y luego retroalimentado… Volviendo a eso de que me han ocurrido muchas cosas, bueno, bastantes cosas me han sucedido, la escuela, los compañeros, algunos problemitas de salud, una nueva mascota, un par de reencuentros con personas de mi pasado, no, creo que son tres personas (jeje), en fin, creo que si contara todo en orden cronológico y destacando detalles, bueno, los pocos lectores que tengo se aburrirían de tanto palabrerío y de tantas historias de varios colores, tamaños y formas. He de destacar algunas cosas, eso sí, por ejemplo, lo que mencionaba más arriba, lo del proceso de transición por el que estoy pasando; bueno, sí, yo sé que uno no sabe lo que más adelante le sucederá ni tampoco sabe qué consecuencias traerá a futuro de corto plazo lo que uno haga en el presente, ¡pero vaya! pasé de ser el chico persistente, negando en cualquier oportunidad que le surgiera su vínculo con el amor y todas sus secuelas, a ser quien al fin se abre con más facilidad y puede expresarse sin tanto temor, lo cual, trae otra historia a flote respecto a esto.

Hoy me siento libre, capaz de sentir que valgo y que puedo hacer lo que desee hacer sin tantas limitaciones, incluso puedo verme distinto frente al espejo, y hasta sonreír un poquito más, lo cual me trae un incentivo para sentirme mejor conmigo mismo. Eso sí, todavía percibo que voy mejorando lento pero seguro. De hecho, ahora que estoy escribiendo esto, aún cuando todavía esté hasta el cuello de tareas, trato de darme mi tiempo para poder dejar salir algo de mi sentir, tratando de seguir el consejo de un buen amigo. Me sorprende que casi no recuerde lo que he hecho durante este año, pero debo decir que esta segunda mitad de él me ha dejado un diferente sabor de boca, inclusive hasta un modo diferente de ver mi vida. Entre algunos disgustos y mi constante lucha contra mi intermitente orgullo, ya voy avanzando de a poco. Y, ahora que mencioné eso de mi lucha contra el orgullo, bueno, deseo con gran fervor que pueda echarlo de lado y me sea más sencillo aceptar que también me equivoco y que no todo lo que hago es correcto, o al menos, la forma en que hago las cosas. Recuerdo cuando por momentos estaba molesto con lo que me sucedía, como si todos tuvieran la culpa excepto yo, sé que hay que desligarse de todo lo que me ata a este mundo, y que hay que trabajar por dar libertad y actuar con paciencia, dejando que las cosas y las situaciones tomen su lugar, su rumbo, su espacio y su tiempo. He de decir también que, me alegro de ver que me he despojado del dolor de mi pasado, para dar entrada a nuevas experiencias de mi presente, me alegra a su vez que pueda poco a poco perdonar y librarme del rencor.

Siendo más específico, por ejemplo, comenzaré con lo de mi nueva mascota: Yaki, un Schnauzer black-silver, que lleva el mismo nombre que el “novio” de mi Dana, un perrito de poco más de un año de edad, travieso, inquieto, cariñoso y leal, a pesar de que a veces lo regañe. Siempre me recibe a la hora que regreso de la escuela y siempre llora inconsolablemente cuando me voy. Mamá siempre que puede me dice: -Ese perro te adora, hijo. Yo digo que es porque cuando me lo regalaron, fue a mí a quien conoció primero, antes que a mamá. No lo sé, pero el caso es que yo también lo amo, me acompaña y sé que me escucha, aunque no me entienda y solamente me mire fijamente mientras para sus orejas y mueve su cola incesantemente.

Ahora, hablando de mis problemitas que he tenido, bueno, debería comenzar con remarcar que juzgar sin conocer a las personas es algo muy feo, pues solamente hablas al aire sin pensar en el daño que puedes ocasionar… Bueno, ¿por qué menciono esto? Los “problemitas” que he tenido son por esta clase de situaciones, comenzando desde ya hace tiempo, pero que se han mostrado más frecuentes durante el último año: Cuando ingresé a la universidad (como era de esperarse) casi no hablaba con nadie de mi salón, fue de a poco que fui conociendo compañeros y compañeras, pero después, los problemas vinieron cuando las calificaciones se veían venir y no a todos los miembros de mi grupo les fue tan bien. Me daba cuenta de que había algo que les desagradaba de mí, tal vez mi presencia o algo similar. Trataba de no mostrar mucho interés por ello, pero tengo que reconocer que sí generó impacto de mí, me preguntaba por qué me sucedía eso a mí si estaba seguro de que no había hecho nada malo. Como pude traté de sobrellevar la situación y fue hasta este año que las cosas cambiaban de a poco, y fue hasta estos últimos meses en que la relación con mis compañeros mejoró mucho, y me alegra estar consciente de ello. Ahora puedo hablar más con ellos y hasta bromear un poco.

Siguiendo con mi selección de historias por contar, le queda el último lugar pero no el menos importante a mis reencuentros con personas de mi pasado. Primero, una amiga de la escuela, Mayra, quien estuvo conmigo durante un año en el mismo salón de clases y en el que en muy pocas ocasiones pude relacionarme con ella, hasta que el grupo se desintegró y cada quien siguió el rumbo que más le convenía, siempre la admiré aunque sin saber por qué, pero a pesar de que durante ese tiempo me acerqué mucho a ella ocurrieron muchas cosas que hicieron que nos distanciáramos e incluso que dejáramos de hablarnos por aproximadamente unos dos años y medio… Triste, ¿verdad? No fue hasta hace poco que pude contactarla y platicar sin mucho detalle de lo sucedido, pero eso sí, con mucha alegría de saber que podía restablecer mi amistad con ella, platicando de todo un poco, de la escuela, de lo que habíamos hecho en todo el tiempo que no nos vimos, de algunas inquietudes y de problemas que surgieron. En segundo lugar, Lalo, un gran amigo de la vocacional y que desafortunadamente pude conocer poco mientras estábamos en el mismo salón, hasta que decidió ir a estudiar a otro lugar, y que hasta esta segunda mitad de año pude encontrarme en la escuela. Sorprendido lo saludé y en varias ocasiones nos regresamos de la escuela platicando, bromeando… Me ha contado del por qué está en la misma escuela que yo y por qué dejó la escuela donde estaba antes, incluso salí con él a una feria de cultura en dicha escuela, en la que me divertí muchísimo y tuve la oportunidad de conocer a su mamá, a su hermana, a una de sus tías y a su abue. ¡Realmente lo admiro muchísimo!

Y como se dice por ahí, la cereza del pastel, la que se come al último por ser la mejor parte de éste: Una persona que me ha marcado desde que la conocí y con quien pude compartir poco tiempo de mi vida, por circunstancias que no en todos los casos estaban en mis manos y que lamentablemente causaron mi total desligue de su vida, a quien amé y que sigo amando pese a todo lo acontecido. Mitzy, para mí, “mi niña bonita”. A quien hace una semana pude ver en vivo y a todo color, aunque con miedo al principio pues he de confesar que me vuelve loco cuando la veo y todos los recuerdos se acumulan en mi mente, trayéndome experiencias inéditas y fenomenales. Será otra historia que espero poder relatar pronto en este lugar, para contar los detalles. Pero bueno, volviendo a la redacción de la historia, mi reencuentro con ella me ha venido de maravilla, o como se dice coloquialmente, “me vino como anillo al dedo”. Esa chica que vuelve todo de color dondequiera que se encuentre, risueña, consciente, cariñosa y amorosa con su hermana y hermano, quien adora a los animales y que estoy seguro podría desvivirse por ellos, pues es capaz de amar con tal intensidad, dueña de un cachorrito muy parecido a mi Yaki, que en principio se llamaba (o se sigue llamando) Rufus, pero que ahora se llama Clin, al menos para ella y para mí. Quien puede demostrarme con gran simplicidad que a veces no hay que pensar demasiado las cosas antes de hacerlas, sino simplemente ejecutarlas. Razón grande por la que mi ya varias veces mencionado proceso de transición se esté gestando…

Bueno, ya como conclusión, porque hasta a mí me daría flojera leer tanto… Después de haberme desahogado un poco y de exteriorizar mis ideas, me despido por hoy, aguardando a que toda esta metamorfosis se termine pronto, porque ya se nos termina el año y hay que despedirlo feliz y con nuevas expectativas y una nueva cara.

Erick Brandon E. Botello

Título omitido…

Es tan complicado toparse con la hoja en blanco y tener presente la frustración de no saber qué escribir sobre ella, no tener las ideas claras de lo que uno desea plasmar en cada sílaba… Tal vez el arte sea más complicado de lo que parece, pues para expresar usando como medio lo escrito se necesita facilidad, habilidad y, a veces, hasta paciencia…

Aquí estoy, sin tener la ruta fijada antes de emprender el camino, más allá de las emociones, estoy procurando que éstas no nublen mi juicio ni mi capacidad de expresión; ahora el silencio está aquí, empañando la concentración, opacando el acto, no sé por qué me es tan complicado ahora describir todo lo que me rodea y lo que siento… Por momentos la culpabilidad, el ocio y la alegría momentánea, efímera. Y es que todavía no logro concretar por qué es que un miedo tímido está tras de mí e impide que quebrante la inseguridad que todavía me atemoriza y me hunde con tanta facilidad, ya me han dicho que si no trato de hacer un canje y cambiar con todo esto, jamás seré feliz, y lo es, es cierto, no comprendo cómo es que yo, estando consciente de las cosas todavía no hago algo para contrarrestar los efectos de las acciones…

Lo sé, algo sin sentido alguno y con pensamientos que se habían escondido por algún tiempo…

Llévame…

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Una noche lluviosa, el aire húmedo, impregnado con la humareda de los vehículos transitando por la estrecha calle como el intermitente vaivén de un péndulo. Él, asomado a la ventana esperanzado, como quien anhela salir volando y viajar a dondequiera sin importar el cómo; tal vez para reencontrarse o quizá para liberarse. Se transportó a la entrada de la habitación, tomó el lustroso pomo de la puerta, lo rotó y salió, bajó las escaleras y tomó una chaqueta de piel, pues el clima parecía gélido, salió por la puerta principal y caminó hacia el cruce de dos calles sombrías apenas iluminadas por las lámparas urbanas, se percibía el incesante siseo del agua corriendo por la pendiente de la calle, miró hacia arriba, apenas se miraban unas cuantas estrellas, agachó casi de inmediato la mirada pues la lluvia le impedía mantener una vista cómoda; entonces esperó y cruzó a la acera de enfrente, se levantó la manga izquierda y miró la hora, ocho con treinta y cuatro, se aproximaba la hora…

Siguió caminando y se dirigió al parque, se divisaban las rutilantes lámparas alumbrando un sendero, para entonces la lluvia ya había cesado, pero el frío de la noche continuaba reinando, tanto que hasta él podía ver su propio aliento, se aproximó a una banca y se sentó a esperarla, al parecer había llegado con algunos minutos de anticipación. Luego, inundado de silencio, y el repique de unos pasos a la lejanía quebrantaron la apacible tranquilidad del lugar y rápidamente miró hacia los lados, ¿sería ella? El sonido se aproximaba y se hacía más fuerte cada vez, él todavía no lograba divisarla, la penumbra gobernaba el ambiente; entonces volvió a mirar a su reloj, habían pasado ya diez minutos y al fin llegó, vestida como el viento, de apariencia simplemente cautivadora; él le cedió el asiento a  su lado, ella aceptó y se sentó junto a él, todavía sin decir palabras recargó su cabeza en el hombro izquierdo de aquel hombre, inmediatamente él comenzó a acariciarle el cabello, que difundía una aroma delicioso.

– Hola, -le dijo él- Estaba impaciente por tu llegada, pero siento un enorme alivio de que ya estés aquí.

– Gracias, -contestó ella- aquí me tienes, después de tanto tiempo… Aquella bella mujer tenía una voz tan cálida e invariable que se combinaba con el ruido ambiental al unísono.

– ¿Me permites abrazarte?

Sin contestarle, ella se lanzó contra él y lo abrazó, instantáneamente ambos parecían haber entrado en contacto con algún estado de éxtasis, nuevamente el silencio se adueñó el entorno y el abrazo parecía interminable, como el infinito, nada perpetraba el encuentro, todo aparentaba ser inalterable, entonces a su oído él pronunció:

– He anhelado tanto tu llegada, no me puedo hacer a la idea de que tienes que estar lejos, aunque la distancia y el tiempo sean mera ilusión, me cuesta tanto estar sin ti…

Ella no contestó, cosa predecible, entonces lo miró a los ojos, ella proyectaba una mirada apacible y colmada de tranquilidad y paz como las aguas de un mar colmado de vastedad, entonces así trató de convencerlo de que ella sentía lo mismo, sin pensarlo dos veces repentinamente se arrojó de nuevo a sus brazos y lo besó, parecía una acción misteriosamente extraordinaria, él jamás habría pensado que se atrevería, pero apresuradamente cayó bajo el yugo y el sometimiento de ese contacto con vehemencia, su espíritu parecía desprenderse del cuerpo y la tranquilidad lo volvió en sí.

– No preguntes ni digas nada, estamos los dos juntos, aquí, nada más…

Él la tomó de la mano y rogándole le dijo: – Ven conmigo, quédate, por favor.

Ambos se levantaron del asiento, y caminaron por el sendero, de a poco sus siluetas se fueron desvaneciendo formando parte de la abisal e insondable oscuridad, ¿acaso se quedarían juntos de nuevo?

Encuentro…

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Nada, ahí estaba ella, semidesnuda, su piel se teñía de miel y la noche sucumbía con el tiempo, pero parecía que aquel instante era eterno, sin fin… Una sonrisa dibujada en su rostro a la mitad y sus cabellos en derredor a su cuello hasta sus hombros, el ambiente se había manchado de su aroma, un suave fulgor invisible pero perceptible, lívido, dispuesto en la concentración perfecta, un leve perfume dulce o quizá fresco… Lo miró, como invitándolo a acercársele, su mirada, tan profunda, en sus ojos como piedras preciosas estaba reflejado su deseo, él, sin en cambio, se turbó, estaba a escasos centímetros de ella, suspiró, se acercó y cerró los ojos, buscó apaciblemente el encuentro entre sus bocas, y una vez sintió el roce de sus labios con los de aquella bella chica se quedó a expensas del destino, de lo que pudiera suceder después, ya no importaban ni tiempo ni espacio, el momento permanecía inalterado y los movimientos de aquellos dos seres eran tan sutiles y delicados que se dejaban llevar por sus sentidos que, aunque dislocados, les proferían de sensaciones que jamás habrían imaginado ni experimentado mientras iban grabándose en la memoria de ambos; ella correspondió el beso sin dudar, apagó su mirada y se entregó a él, parecía que derramaba lágrimas de júbilo y encanto, se aferró a él y lo abrazó con fuerza, él se deleitaba con el leve perfume que ella emanaba, sus respiraciones se fundían con su aliento y entonces, lo insoslayable, la tomó tiernamente acariciándola desde su cabeza, pasando por su cálido cuello enredando sus dedos con su abundante y aterciopelada cabellera, llegó a sus hombros, la acercó hacia sí y con la lentitud de una brisa veraniega deslizó sus manos por sus brazos hasta los codos, ella suspiró, inhaló profundamente, y ambos ya entre las emociones y el regocijo de su encuentro, como en un cierto estado de éxtasis en total vastedad se hallaban, luego sin más y sin haber sido planeado, casi instintivamente él comenzó a besar su cuello apasionadamente inundado de excitación y se acercó a sus oídos y en un susurro le profirió palabras casi inaudibles y dejando salir con ellas cálidas e intermitentes exhalaciones a intervalos pausados:

–Te amo, –dijo–.

Ella no respondió al momento, pero él pudo percibir que ella asentía con la cabeza, tomó aire y seguidamente emitió un sollozo tan breve y luego le contestó:

–Y yo a ti. –Un poco agitada–.

Luego, de un instante a otro se hizo el silencio adornado con efímeros y casi imperceptibles sonidos de sus aspiraciones, ninguno pronunciaba palabras, ¡era un instante de máximo frenesí!

Y así la luz se fue atenuando hasta que ni sus siluetas eran posibles de contemplarse, no tenía noción del tiempo, hasta que en un sollozo despertó y abrió los ojos trabajosamente, un poco desilusionado respiró con viveza y a la vez se entristeció, pues aquella experiencia onírica era tan real que incluso aún tenía la sensación de tenerla junto a él, inclusive en la habitación reinaba el delicioso aroma de la chica, después notó que su almohada estaba húmeda de sudor, miró al reloj, éste marcaba exactamente las 2:46 a.m., trató de recordarlo todo y con cierta dificultad trató de plasmarlo en papel eludiendo no olvidar los detalles…

El amor brilla más fuerte en la obscuridad…

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