Habrá quien también lo piense…

Hay quien piensa que ya no sirve de mucho darle continuidad a los versos que uno pueda dedicarle a alguien –al igual que yo–, ¿la causa? Múltiples pueden considerarse respuesta, pero una de las más usuales es esta: “Las palabras se las lleva el viento…” –Y un sin fin de terminaciones de oración.– Sin embargo, por otra parte existen personas que consideran la totalidad de lo contrario, piensan que no importa qué piense la persona a la que se le dedican versos, líneas, párrafos, pues aseguran que queda en aquella persona si agrada o no, y lo que les interesa es la intención y la sinceridad con que se abrieron para expresar lo que en el interior de su corazón había o hay.

 Quizá habemos quienes pensamos lo primero porque eso nos ha tocado de cierto modo vivir, y nos da una especie de miedo por poner innumerables e incontables barreras antes de que alguien llegue a nuestro corazón y conozcan lo que en realidad existe y radica dentro propio. ¿Qué sucede con quien opta por la segunda alternativa? Conozco gente que considera la segunda alternativa como la más viable y más adecuada sea cual sea la situación en que se encuentre, simplemente busca un modo de desahogar lo que lleva consigo y lo transmite con letras… Pero a todo esto; yo sigo en mi posición de que es innecesario seguir dedicándole palabras a quien uno desea que nos escuche, y que aunque no diga nada o haga parecer que simplemente le da igual lo que uno sienta (eso suena algo egoísta) tenga en cuenta la intención que tuvimos para atrevernos y osar caligrafiar palabras para esa persona específica. Tratando de exteriorizar las emociones, los sentimientos encontrados, simplemente traducir los latidos y el palpitar de nuestro cuerpo en palabras cada que nos enfrentamos a quien quizá ya no quiera vernos, a quien ha olvidado por completo nuestra existencia, a quien alguna vez hubo de amarnos… ¡Amarnos! Verbo ejecutado tan sutil y hermosamente por quien decimos haber amado o en el presente, amar. No sé descifrar aún la duda que hay cuando pienso en lo que puede ser amar en serio, sé que todos los sujetos que habitamos la redondez de la Tierra somos tan necios a veces, y nos complicamos más de la cuenta nuestra existencia preguntándonos el por qué de todas las cosas, de si estamos o no en lo cierto, en lo correcto… Pero ¿acaso dedicamos a pensar en nosotros aunque sea un efímero instante? Pocas veces lo hacemos, y es que en muchas ocasiones a veces pensamos en lo demás –aunque yo no me incluyo en este inmenso grupo, porque lo es– y nos dejamos al último, dicen que a veces es complicado llegar a ese estado de equilibrio emocional en que podemos darnos nuestro lugar junto con el de los demás y actuar de modo más sencillo y consciente; lo cierto es que son contadas y señaladas las personas que pueden lograr lo que en verdad debería ser, pero creo que lo logran más fácilmente por la actitud que dan para enfrentar esta clase de situaciones… Ojalá yo fuese de esos sujetos que logra dar una actitud cambiante ante esto y facilitarme las cosas… No basta con desear o imaginar, pero ¿verdad que es complicado hacer ejecución de las cosas que tenemos en mente? Cuántas veces no me he propuesto olvidar mi pasado, arrancarlo de raíz, pero noto que está tan arraigado a mí y más porque en ese pasado está quien anhelo –aquí es donde uno puede pensar que me aferro a quien digo amar– pero que sin embargo ya no puedo alcanzar ni recuperar, sé que en alguna parte debe estar entregándole su sonrisa a alguien que sí la ha valorado y que creo que ya no podría hacerle daño, al menos no como yo, que he maltratado y lacerado con tal brutal pero a su vez inconsciente manera que antes no me perdonaba; y simplemente concluyo con que quizás no olvido a quien digo amar porque tal vez fantasear un poco me ha afectado y hace que me invente historias de mí a su lado sonriendo caminando tomándole de la mano y contemplando la perfección de su sonrisa y la ternura de sus modos, de sus ademanes… Es tal el dolor de cerciorarme de que no es posible lo que sueño que hasta en una ocasión recuerdo haber soñado algo como esto:

 Erick y Marian caminaban tomados de la mano algo serios, estaba atardeciendo y se hacía algo tarde para que Erick dejara a su amada en casa sin que su padre notara que había estado con él. Luego Erick dijo:

 – ¿Sabías que te amo?con voz apremiante y tenue, casi inaudible

 Luego un efímero silencio envolvió la boca de Marian como si no deseara que ella hablara, como si por algún motivo se le hubiese ido el aliento como para pronunciar palabra alguna, pero al fin contestó:

 – sabes muy bien que yo también a ti te amo, y también sabes que a me haces falta y que sin ti…antes que Marian pudiera terminar la oración Erick la interrumpió rápidamente

Sí, que sin te sentirías extraviada, ¿verdad?

Así es.

 Luego se volvió a hacer silencio y aquellos dos seres enamorados se quedaron mirándose por un corto instante, que para ellos pareció más un letargo inmenso del cual sería complicado despertar, un trance difícil de exonerarse, un instante en que las miradas de ambos se entrecruzaban y se clavaban en cada uno en lo profundo de sus ojos, como intentando comunicarse con la pura mirada, con el gesto más mínimo pero no menos notable, pues era tiempo de separarse por algún lapso de tiempo…

 – Si me amas,dijo Erick a Marianacepta volver conmigo ¿quieres?

 Nuevamente con un silencio predominante y los dorados y últimos rayos del sol en aquel atardecer que acariciaban la piel de Marian teñida de una tonalidad miel y que también proyectaba una sombra alargada en el suelo de grisáceo color, se interpusieron un momento hasta que pudo volver a contestar:

 – ¿Que yo vuelva a enamorarme de ti? Sí, te amo y no sabes cuánto, pero debes comprender que no es tan fácil para mí…Erick volvió a interrumpirla

Anda, por favor. Perdona todas mis malas actitudes y vuelve a darme otra oportunidad, ámame como la primera vez, con tal inmensidad que ya no seas capaz de amarme más, de sentir que tus sentimientos se desbordan y que casi puedas llegar a pensar que todo se vuelve contrario y de sentido opuesto.

Decir es envolverme en felicidad –repuso Marian– y que me abracen tus suspiros, que el calor de tu cuerpo me estremezca cada vez que te acerques a y que sonría cada que me lo pidas, porque que quien soy y todo mi ser está en ti, pero tengo miedo ¿sabes? De que ocurra lo que ya, o algo peor, no lo quiero, y te amo pero siendo sincera yo a veces desconfío… Pero decir no es entregarme a la soledad, a tratar de comenzar de nuevo, y que mantenga en la cabeza la idea de que nadie en este mundo te va a amar igual que yo…

Ya lo ves, sería el ser más plenamente feliz si me dices respondió Erick, aseguro que no desperdiciaré todos esos momentos en que yo esté contigo, prometo no tocarte cuando así no sea lo que deseas, permíteme de nuevo que seamos y yo, yo y tú…

 En aquel momento me hube despertado y llamé a mamá, platiqué con ella al respecto de aquel sueño tan hermoso que había tenido preguntándome si habré soñado eso por ser de verdad o por haber dormido pensando en ella la otra noche, o si habré querido elegir qué soñar… Alguna de aquellas tres alternativas restaban como respuesta, pero al evaluar la situación opté por la última, y mamá reafirmó mi decisión contestando lo mismo… Concluí la plática con la frase: “En fin, los sueños, sueños son, ¿no?” Por un momento me disloqué de mi entorno y luego volví en sí, soslayé estar pensando en ella y ahí estaba yo, luchando por no recordarla…

E. Botello Erick Brandon

Créeme que trato de comprenderte…

Sentí tocar el nirvana cuando mis dedos se entrecruzaron con los tuyos, odio tener que sentir todo esto cuando estás en frente de mí, por que sé que tal vez nunca jamás volverás a ser para mí, mil veces desprecio este maldito sentimiento, mi alma vibra con el vivo sonido de tu risa; mil y un millar de veces prefiero verte feliz aunque no sea conmigo, aunque tenga la sensación de que todo se desborda con bravura y ferocidad cual si la ira de estas olas de amor intentaran tragarte entera y traerte a mí, haciendo caso omiso a lo que tus palabras proclamen… Es tan hermoso seguir amándote aunque todo el mundo diga que estoy enfermando y que hago mal en seguir extrañándote, es tan bello ilusionarse contigo… Estúpido orgullo el mío que por momentos es más fuerte que yo, y débil soy aún… ¿Por qué esto del amor tiene que ser tan complicado? ¿por qué no solo es tan sencillo como “me amas, te amo, nos amamos, ¡démonos otra oportunidad!”? ¿Pero sabes? Creo que todo esto que presencié está solo en mi mente, está en mi mente la errónea idea de que tomaste mi mano por un efímero pero a su vez tan perdurable instante solo por estar despidiéndote de mí, pero tengo que admitir que no pudo haber sido mejor y claro, nunca cambiaría esta experiencia por nada…

Ya sé que todo lo anterior quizá esté de más, que tal vez no tenga validez o importancia para ti, y que alguna parte de ti está aburrida y abrumada por notar que nada de lo que me has dicho al respecto de no seguir buscándote ni tener pretenciones contigo no ha surtido efecto en mí… Se nota en tus ojos cada que llego y no dices palabras, que cuando me miras solo un corto momento como sorprendida, no te agrada mi presencia, como si en tu mente formularas lo siguiente: –¡Rayos! Él ya está aquí, creo que mejor debo irme…– y acto seguido te levantas y subes las escaleras para evitarme, mientras yo sigo preguntándome; ¿qué provocaré en ti cada que haces eso? Puedo soportar que me ignores, que no dirijas ni una mirada hacia mí, ni una palabra, como dos completos desconocidos que tienen poco tiempo de haberse conocido del todo; (y sí, lo somos) nunca tuve la oportunidad de conocerte en su mayoría, pero lo que sí he podido conocer es tu corazón, con cuánto amor se entregó a mí permitiendo que hiciese de él lo que se me ocurriera… Salimos de tu casa y escucho el sublime repique de tu risa, que se clava en mis oídos haciéndolos sangrar, pero me fascina mirarte caminar delante mío, aunque no me hagas caso…

¿Sabes cómo podría dejar de sentir todo lo que aún radica en mí? (Y he notado en todo este tiempo que nunca me lo has dicho) Que cuando a mí se me ocurra preguntar: –¿Aún me amas?–, tú simplemente contestes: –¿Qué no ves cuanto tiempo ha pasado? Está claro, ¿no lo crees? ¡Yo ya no te amo!– Sé que cuando algún otro hombre se cruce por tu ruta y se fije en ti allí terminará de a poco y a través del tiempo, lo que tú sientes (¡o sentías!) por mí, y no sé, tal vez estoy un poco desactualizado y ya hasta estés con él… Y debo decirte que ese es mi mayor temor, que viva en carne propia el que todo el amor alguna vez me demostraste se esfumó, y que de a poco simplemente dejó de existir…

Todo en su momento me fue tan confuso, porque este sábado que le permitiste a mis pupilas contemplarte y más aún, tomarte de la mano (causa lógica y primordial de que esté caligrafiando esto para ti) me hace pensar y me da la esperanza de que aún el amor que me profesabas no ha muerto.

He llegado al término de esta quizá para ti innecesaria pérdida de tiempo en empeñarme para que lo leas, y perdóname pero como alguna vez mamá te dijo: “amenazo con regresar”, espero que en esa ocasión pueda leértelo en persona, aunque ya lo hayas visto antes, ¿y sabes qué me agrada de todo esto? Que ahora estoy más tranquilo y no tan desubicado enredándote con tantas palabras, esto es lo que siento, lo que llevo dentro, y perdona que vuelva a repetirlo, pero estoy consciente de que quizás no te importe esto. Y a lo mejor cuando llegues a esta parte te sorprendas, pero no te lo dije en todo mi relato. Pero te amo.

Erick Brandon E. Botello

En lo profundo de sus lágrimas…

“Era de noche y comenzaría a llover, pero él persistente la buscaba con tanta desesperación, tanto deseo, su cuerpo vibraba por hallarla y lograr que su vista tuviera contacto una vez más con la silueta de su existencia. Corría entre grisáceos paraguas y multitudes de gente, corriendo por expresarle lo que sentía, que lo perdonara, que su único propósito era hacer que se enterara de lo que él sentía. Mientras corría miraba a todas partes, esquivando cuanto obstáculo se le ponía enfrente, ni siquiera la brisa del viento en su rostro secaría aquellas lágrimas tan cristalinas y taciturnas, lágrimas sinceras y transparentes que reflejaban con la poca luz que restaba del día un brillo incomparable; corría, corría con tal de hallarla, cual carácter evasivo y protector de una madre buscando a su pequeño… No la podía encontrar, miraba a su alrededor con impaciencia a cada rincón de donde pudiera encontrarla, simplemente su silueta se había esfumado, como si por arte de magia en un simple parpadeo su esencia hubiese desaparecido, se hubiese marchado.

Luego, ya cabizbajo caminaba derrotado, con lágrimas derramándose dejando intermitentemente impresas unas pequeñas marcas húmedas en el suelo, producto del desbordamiento de sus lágrimas de sus ojos cristalinos; de repente escuchó su inconfundible voz, un sonido exquisito, el repique perfecto para deleitar sus oídos y tan rápido como detectó ese impreciso pero entendible susurro que viajaba por el ambiente levantó la mirada y volteó instantáneamente a su derecha y a lo lejos la miraba caminar con una sonrisa dibujada en su rostro precioso cual sublime luminosidad en el entorno, una sonrisa de curvatura perfecta y definida por el minúsculo toque de sinceridad y la simplemente inmejorable blancura de sus dientes cual luz de la luna llena… Luego, de mirarla se dirigió a ella tan rápido como pudo sin dejar que literalmente se le escapara de las manos pero conforme se acercaba, aquél sujeto se dio cuenta de que no iba sola, y que quien la acompañaba era el causante de todas sus invaluables sonrisas, entonces otro puñado de lágrimas se derramó y sus ojos se enrojecían cada vez más. La miró detenidamente y trató de deslizar sus manos por la aterciopelada piel de su rostro pero con un movimiento brusco ella se separó de él con un hiriente silencio y una mirada penetrante; luego sin decir palabra alguna aquel chico que la acompañaba le preguntó violentamente de un grito -¿¡quién rayos eres!? ¡Déjala en paz! ¿qué no ves que no quiere que te le acerques?. Y con un empujón echó para atrás a aquel nostálgico y estremecido sujeto. -Ho… Hola, dame solo cinco minutos, no más, luego de que me prestes atención si sigue siendo tu decisión jamás en tu vida volverás a verme… Ella, de haber apagado su sonrisa momentáneamente accedió asintiendo con la cabeza de forma casi imperceptible. -Te he estado buscando por todas partes, amor… -¡No vuelvas a llamarme así! Dejé de serlo hace mucho tiempo para ti… Lo interrumpió con energía, -Está bien, sé que ya no lo eres pero déjame sentirte, abrazarte, darle a mi cuerpo la oportunidad de hacerlo comprender que aún existes para él, que se dé cuenta de que tu esencia aún habita dentro y muy profundamente en él… Déjame hacerte comprender que lo que he estado sintiendo por tu ausencia está consumiéndome por dentro, poco queda de mí ahora mismo y hago lo posible por mirarte a los ojos y no vencerme al suelo llorando arrodillado por que me des algo de tu perdón. Después de esas breves líneas el chico que la acompañaba reincidió en interrumpirlo y lo empujó lejos de ella y comenzaron a caminar presurosos, ella, enérgicamente gritó -¡basta, déjalo terminar! Aquel chico obedeció y se puso detrás suyo… -Por… por favor, déjame… (un llanto inconsolable brotó de lo recóndito de su interior) hacerte ver que estoy arrepentido de lo que te hice y siento que estoy pagando con creces mis malas acciones, déjame mostrarte que he cambiado… ¡por favor! Ella, al observarlo tomó su rostro y lo levantó con una mirada tan tierna, lo abrazó; en aquel instante él se sintió algo más reconfortado y la abrazó fuertemente con intenciones de no soltarla. -Lamento decirte esto. Le dijo al oído, – yo no acepto que vuelva contigo de saber que lo que alguna vez sentí por ti ya no está, simplemente me hiciste ver que todo fue un sueño, que lo que tú sentías fue con falsedad… ¡No! perdona, dame la oportunidad de demostrarte que no es un sueño falso y gris (diciéndolo con una mirada directa y sincera); le guiñó el ojo a aquel chico sonriéndole sutilmente dando la media vuelta y se marchó… Vencido casi en su totalidad, dejando caer al suelo aquel chico destrozado en lo profundo sus lágrimas…”

Desperté de golpe y noté que mi almohada estaba humedecida; froté mis ojos para limpiar mis lágrimas. Algún tipo de un efímero alivio se apoderó de mí por saber que había sido solamente un sueño, luego bastaron pocos segundos para echarme de nuevo en cama, inmóvil…

No hallo el modo de arrancar de mí su esencia…

Elegir no evocar…

La naturaleza de nuestros recuerdos, de múltiple índole, infancia, actividades pasadas, experiencias, equivocaciones y un sin fin de categorías para clasificarlos.
Es casi imposible no tener recuerdos, que éstos nos acompañen a donde quiera que vayamos; caminando, en el auto, de camino a la escuela… Y también es casi imposible que los soslayemos porque siempre están allí, almacenados en nuestro maletín de memorias, desde las más remotas hasta las más recientes. Y a pesar de que es (como ya dije) casi imposible que nos deshagamos de nuestros recuerdos tenemos la libertad de elegir entre querer o no volver a citarlos mentalmente, pero ciertamente -y no me atrevo a mentir con esto- también podemos engañarnos decretando que ya olvidamos, que lo que nos sucedió ya pasó, que ya no duele, que ya no lastima, yo digo que es como en el corazón, siempre hay algo de la esencia de una persona que amamos que se queda grabada, marcada, tatuada en él y simplemente es porque ese algo que tienen todas nuestras vivencias quedan almacenadas, algunas más que otras pero ahí están y, volviendo a lo que decía; alguna cosa que nos disgusta, que nos perturba o nos nubla la vista cada vez que, bueno, la recordamos en ocasiones podemos entrar en un declive psicológico que muchas veces -y yo me incluyo aquí- nos hace pensar de manera fatalista, como si lo malo de nuestras experiencias se estuviese convirtiendo en algo cotidiano, repetitivo, consecutivo. Eventualmente cuando logramos parcialmente salir de ese cuarto oscuro que es nuestra propia negatividad intentamos formular una nueva forma de evitar que esto vuelva a sucedernos, a analizar el por qué de nuestra caída y una larga lista de cosas por rectificar, mejorar.

Cuando elegimos no evocar quizá estemos negándonos, haciendo alusión al engaño propio, a crear una mentira tan “buena” que es muy creíble y nos hace sin duda alguna cambiar radicalmente de parecer cuando no debería ser así, cuando elegimos no evocar también -además de otras cosas- nos liberamos de ese estanque que obstruye nuestro crecimiento, que bloquea nuestro presente y abandonamos al lúgubre pasado, algo que por cierto es muy benéfico porque entonces ¿qué sería si solo nos la pasáramos lamentándonos por cada acción mala que hicimos o viceversa, cada cosa mala que nos pasó? ¿acaso toda la vida estaremos condenados a esa cotidianidad? ¡Claro que no! Es momento de decir que estamos cansados de esta monotonía y hacer algo por renovarnos, no solo vivir mentalmente, sino plenamente, en todos sentidos, facetas y niveles.

¡Decídete y cumple lo que predicas!

Sin concepto…

Su inseguridad lo acompaña, el miedo de no ser aprobado lo abruma, la debilidad que tiene de no ser capaz de expresarse, la fragilidad que tiene cuando se siente atacado y la carencia de sensibilidad que tiene… Éstos son solo minúsculos aspectos que no sabe explicar, que no sabe si considerar dentro de su forma de ser, de su esencia, su naturaleza… Eso que no sabe qué lo causó, que no sepa qué o quién es… Si le preguntaran cómo es, quién es o que cite adjetivos calificativos de sí, muy probablemente se quedaría callado o con voz entrecortada por su nerviosismo de no saber qué contestar. Esa persona que no sabe definirse, conceptualizarse ni catalogarse, que en múltiples facetas de su vida actúa como un inútil, como algo obsoleto, inservible, poco funcional… ¿Acaso le hace falta algo? Algo que incentive su motivación, algo que le demuestre que en verdad es importante, algo que le exteriorice un motivo por el cual es necesario que esté allí, algo que no le diga verbalmente que los que lo conocen son afortunados de conocerlo… Dice saber que todos han sufrido, pero que no sabe si es feliz, no sabe si algún día lo será, es como un ente que solo sigue instrucciones, que no tiene sueños, que no sabe si los tendrá o peor aún, si los tuvo… No sabe si lograr lo que de a poco va labrando le hará aunque sea un poco más alegre; tal vez sean sus complejos y sus traumáticos pensamientos que solo formula sin siquiera (en ocasiones) tener razones viables para crearlos…
Comenzó escribiendo esto sin una idea fija, sin un tema en específico, pero ahora que se da cuenta, solo se culpa por hacerse denigrado de nuevo…

Buscando…

Buscando por el camino...Todo el tiempo estamos buscando algo, queremos encontrar algo que podamos sostener con las manos, algo seguro, algo tangible, una seguridad; y vamos todos caminando con los ojos vendados por un camino que no conocemos.

Buscando: como si fuera aquí donde pudiéramos encontrar algo, una sombra, una piedra, el amor… El amor… Pero ¿cómo sabemos si realmente lo hemos encontrado ya? ¿Cómo lo sabemos si el amor no tiene forma si no lo podemos tomar con las manos, si no nos obedece, si viene y va? Y con todo; lo seguimos buscando. Caminando por las calles diviso a la distancia seres que se abrazan, que sonríen, que lloran y; entonces, ¿es importante al menos decir que de cierta forma es hipocresía lo que vivimos cuando lo “vivimos”? Vivir el amor, estar seguro de que lo estamos viviendo, que no nos cegamos por la idea de considerar que lo que escuchas de él es cierto.

Buscando: cuando inconscientemente reflexionas por las acciones que has cometido, sean buenas o malas, si has herido o no a alguien con ellas, si en verdad has aprendido a no hacer alguna cosa que no te haya funcionado; no saber si has acomodado tus ideas y asegurarte de que lo que sientes hacia alguien es verdadero, dicen que el amor simplemente… se siente y que no se necesita analizar y verificar constantemente si lo que uno experimenta es verdadero, real, algo materializado. Y sí, que los sentimientos no tengan una forma definida, que quizá tenemos el poder de deformarlos a nuestro comprender.

Buscando: Tratamos de hallar la manera de cómo expresar al amor, cómo transmitírselo a quien dices amar, yo sigo siendo el ente que no ha podido hallarle una manera de canalizarlo, y pareciera que no trabajo mucho en buscar la forma. Sí, todo el tiempo estamos buscando, intentando descubrir el modo de conseguir el perdón, el experimentar las sensaciones más geniales jamás experimentadas; inspeccionando mácula alguna que nos “prohíba” entregar todo de sí. Y sin embargo, mientras más meditaba acerca de mi pasado con el fin de poder contestar precisa y acertadamente a mi gran pregunta: “Lo que sentía ¿era verdadero? ¿qué tan intenso fue? ¿pude transmitirlo en verdad?” No he podido lograr que las respuestas fluyan. Continué buscando, buscando respuestas de múltiples fuentes y yo, aquí caminando por el sendero áspero sintiendo una breve y deslocalizada caricia del viento, no sé si sea yo quien dedique tanto en poder decir si amo o no amo, si extraño o no, si necesito o no, no estoy incluso seguro de si el amor que me tengo es el suficiente para poder amar alguien más, a veces pienso que me vendría mejor no buscar (aquí es donde quizá parezca que me contradigo) al amor, ni siquiera abrirle las puertas -aunque creo que jamás se las he abierto- y seguir considerando la estúpida idea de que lastimaré persona tras persona que se cruce por mi caudal de amor, y he dado con que trato de entender lo indecible, son tantas ideas, tantos pensamientos equívocos o quizá certeros, la pura imagen de algo que no me explico.

Quizá siempre sigamos buscando al amor, con la esperanza de poder hallar al verdadero, de dejar de lado la idea de que a nuestra edad es una etapa de hipocresía, ¿cuańdo, eh? ¿cuándo comprenderemos que lo que se siente, se siente? Que no hay que cuestionar bombardeando al amor de preguntas en ocasiones, sin sentido. Solo búscalo…

¡Este silencio me está ensordeciendo..!

En otras ocasiones podría aseverar que me gusta disfrutar el silencio, pero así como me encuentro… Estoy aterrado, el silencio está ensordeciéndome, entra en mis oídos como un terrible estruendo penetrando a todos los rincones de mi ser haciendo que de a poco vaya acostumbrándome a “soledad”, mi fiel compañera…

Su repique me está haciendo agonizar en un valle de lágrimas, ya puedo decir que estoy entrando en fraterna unión con lo vacío que me rodea, no sé qué hago aquí, estoy en un lugar extraño donde la penumbra se adueña de este sitio momentáneamente, miro a todas partes mientras estoy recostado en cama preguntándome si dejé de existir, si mi cuerpo tiene alma, no sé si estoy teniendo una especie de onírica experiencia, irreal y ficticia, es poco probable que quiera creerlo, es demasiado tangible que puedo hasta sentir lo áspero de las paredes y el frío de mi ventana mientras miro hacia el cielo, oh firmamento vestido de gris, diviso el vaivén de los árboles allá en lontananza cuando son mecidos por el viento que me susurra diciéndome que la paz vendrá pronto…

Este silencio me mata, anhelo con ansias poder escuchar el sonido que tanto deseo, esa voz que interrumpa ya esta taciturnidad dominante y haga volver a mí una sonrisa o un nuevo gesto de alegría, no quiero dejarme llevar por el mutismo, porque sé que después no podré salir de aquí…

¡Necesito un abrazo..!

El inestimable poder de un “no”…

Hacía más de una semana en que debí haber hecho una llamada, ciertamente por mis persistentes ocupaciones no me permití o no me di la oportunidad de hacerla y al fin escuchar la voz de aquel ser que alguna vez estuvo conmigo, que me brindó sin condición todo lo que tenía de sí y regalármelo con el más fraternal amor, un amor que se sintió e incluso literalmente percibí adueñándome de él con un respiro, ¿pero cuál es (después de un prolongado año) mi ‘sorpresa’? Ese amor, (al yo sacar mis propias conclusiones y terminologías de culminación de que seguramente yo había exterminado todo rastro de él) continúa vivo, ahora sé que pude haberlo literalmente maltratado y deshojado con cualquiera de mis acciones ásperas y crueles, mas sin embargo doy por hecho que ese amor ¡ese amor! es completamente verdadero, y que yo en su momento preciso jamás me di cuenta de que coexistía y compartía el mismo ambiente conmigo, le di la espalda sabiendo yo que entre mi confusión y la presencia de una pura imagen nítida que solamente me demostraba que lo que mis ojos contemplaron y parte de mi mente que hubo dislocado para prestar atención a la atracción de alguien más y totalmente ajena a mí y a mi historia y mis versos escritos uno a uno por la inercial acción de desahogo y expresión…

Me llega una sensación de intensa impotencia de no escucharla, de no saber que está allí para notar su emoción de conversar conmigo, de que de alguna manera la ‘necesidad’ que siento de poder sentir su voz en mis oídos y la calidez de sus palabras en su modo de pronunciarlas, me da por plañir por momentos al recordarla y de ponerme a pensar en los momentos que compartimos y que yo, sin más ni menos, hube desechado, cuando (ahora que lo he analizado) más necesidad tenía de mí llegué para lastimarle cruelmente y culminar una gran historia llena de mismísima magia y oníricas experiencias, hoy siento el persistente menester de estar caligrafiando esto para hacer notar de cierto modo lo que experimento ahora mismo con algunas lágrimas en los ojos de poner en mi mente la idea de que lo que alguna vez hice tal vez ya no me atormenta tanto, pero me llena de una fascinación indescriptible de enterarme de que a causa mía (y aunque muchas veces nunca me lo creí o lo catalogaba como imposible) alguien llegó a amarme tanto, sin condición, que hizo cosas que jamás creí sería capaz de hacer; esto es algo que ha llegado al fondo de este, mi corazón, que quizá aún frío es, pero que por autoría de unas palabras tan precisas penetraron en lo más recóndito de mi ser para provocar así, un llanto inconsolable, no de tristeza, o tal vez sí, difícilmente explicable con minuciosidad, un lloriqueo acompañado de sensaciones y sentimientos encontrados, alimentado de una fuerte carencia de su presencia, con todo un maremágnum de emociones y adjetivos emotivos: enojo, vergüenza, alegría, embeleso, culpa, una notable impotencia y una quizá innecesaria pretención de reprimir este caos mental que ha comenzado a causarme un molesto dolor de cabeza y las incontenibles ganas de llorar hasta languidecer mis ojos.

Darse cuenta de cómo es que un amor tan inmenso y verdadero hace que notes y creas que lo es por considerar las circunstancias y la precariedad que impusiste con una abyectitud inimaginable, cuando más te haces a la idea de que has acabado con todo lo que alguna vez fue, cuando con una acción fulminante no has dejado ni pista existente de ese amor… Mas cuando te vuelven a demostrar y a imponer la viva imagen de que todo es real suspiras y lanzas al aire una efímera frase: “En verdad me ama…” Luego, te llenas de impotencia y de una lastimosa “barrera” que impide que expreses lo que estás intentando de decir ¿acaso es pena? Aún no lo sé, mas sin en cambio al final, como siempre te ha pasado, te arrepientes y te culpas de no haber manifestado en su momento dado lo que realmente sientes…

Tristemente así hube sido, y ya no más, no quiero continuar con esto que me hiere, de sentirme reprimido por mí mismo, simplemente ya no quiero…

Y hablando de negaciones, he de culparme también por mi estúpida actitud de negación hacia una persona, cuando de sí también me ha dado, si no todo, sí su coexistir prácticamente en entereza; el enorme poder de un “no” es inestimable… Hace algunos días que tuve una conversación crucial en la que, aunque no deseaba fuera directa, de cierta forma tenía que decir lo que me atormentaba, lo que provocó que de pronto sintiera el ardor de la primera lágrima deslizarse por mi mejilla para así iniciar con un sollozo casi incontrolable; cuando pensaba: “No hieras, al menos no lo hagas como si pareciera que eres un desalmado…” Curiosamente parecía que con quien platicaba me conociese tanto que intuyó y tramó cada palabra, acción y expresión que emplearía para explicarle lo verdadero de mi situación, no supe qué decir al percatarme de ello, sin en cambio al principio se me hizo tan fácil, y me refiero a que tal vez volví a ser el YO de siempre, el frío que hace ver a los demás que no siente algo; llegó el momento, lo dije… Pero parecía que se repetiría lo que alguna vez escuché, quizá no de la misma forma pero tal vez, en el momento, con la misma intensidad de un sentir tan profundo: “Jamás te dejaré solo, pero ¿sabes? Siento que quizá tú jamás necesitarás de mí, es decir, para ti nunca tuve importancia, siempre fui alguien más, común y corriente…”, luego contesté, -no seas tan dura contigo misma, no es eso, sé que en la mayoría o sino es que todas las ocasiones quizás hice que pensaras eso, yo nunca traté de hacerte sentir como “la otra”, lo lamento… Entonces supe que muy notablemente mi manera de expresar las cosas, ya sin sentir en el instante, fue (meditándolo ahora que ya hace algunos días que efectué esta acción) hiriente, no es de sorprenderse si eres alguien que me conoce, al menos un poco más profundamente que otras personas… Culminé una relación en la que (ahora que, aunque no estoy muy tranquilo, lo he meditado) no debí emplear “recursos” por así decirlo, para finalizarla de un modo muy ‘seco’…

Fui ciego…

Ya ha pasado bastante tiempo, poco más de un año para ser exacto. Y por lo sucedido hoy en día viene de nuevo a mí el recuerdo genial de que alguna vez alguien me amó, nunca lo vi, creo que siempre fui ciego y no sabía lo que era en sí amar… Tuve la oportunidad, la desgasté e hice que se terminara poco a poco, sin sentirlo ni hacerlo muy presente en mí, quizá porque no quería ver lo verdadero, lo dejé pasar mientras no veía tampoco las consecuencias que esto traía consigo, y es que por veces debido a mi “ingenuidad” (ese término está mal empleado) dije cosas sin sentir, tal vez lo confundí por una ilusión o algo por el estilo, todo fue llevado de la mano con la confianza tan amplia que tenía…

Ahora, me pongo a analizar lo que ahora me ha sucedido, cosas que por las cuales si no las hubiese presenciado no estaría aquí sentado caligrafiándolas, tengo el buen sabor de boca de darme cuenta -después de mucho…- de que en verdad yo radicaba en cada pensamiento, palabra y suspiro suyo, cosas que aún no conocía o al menos no tomé en cuenta. Sí, fui ciego, no me percataba de lo que hacían por mí, lo que pensaban, buscaban y procuraban por mí… No supe valorar a quien en verdad me amaba, debo decir que ahora me da gusto y hasta una efímera sonrisa se me pinta en el rostro con el perfecto pensamiento: “-Sí, en verdad me amaba”. Estoy seguro de que sonrío de recordarlo porque ahora estoy realmente consciente de que he logrado ver mi error y aunque ya no pude enmendarlo, sé que mínimo es su buen recuerdo y se ha llevado lo bueno conmigo, sé que no me guarda rencor, por qué? La respuesta es obvia, no puede aborrecerme porque lo que sintió era más fuerte que lo que yo provoqué…

Si ahora me pongo a sacar alguna conclusión, en simplicidad digo que no me culpo como antes, no me pongo tan pesimista como suelo serlo cuando me suceden cosas de esta naturaleza, y me da gusto. ¡Gracias! digo, y doy a las personas que me han hecho pasar a este punto de aceptación, agradezco que me hayan hecho ver las cosas y lograra comprender lo que en verdad me sucedía… Soy introspeccionándome y veo que sí, gracias a todo esto puedo ver las cosas desde esta perspectiva…

Y no digo que es necesario compararme con alguien más, pero sí, a veces -creo yo- no es malo ver qué tiene alguien y qué tiene uno mismo; bueno, pues sí, hace algún momento me puse a compararme con “alguien” y veo que sí, yo carezco de sensibilidad y ver que alguien en verdad tenía algo que nunca más volveré a encontrar, no daré detalles, solo yo mismo me entiendo… Si he de continuar así como soy es porque realmente no quiero cambiar, por ello, mis defectos debo sino erradicarlos disminuirlos lo más posible, mejorar. Ya sé que para todo esto simplemente se necesita ser como es, ¡expresar! Yo creo que esta última palabra es un verbo bastante difícil de ejecutar -al menos para mí- y hacerlo notar, preferiría hacer las cosas de tajo, sin pensar, pero no me comprendo en ocasiones y aunque estoy consciente de que las cosas me saldrán de maravilla cuando yo en totalidad ponga en práctica el expresar… Ya lo sé, he comprendido que cuando tengas la posibilidad, la oportunidad no la dejes pasar, porque después será tarde… Eso resuena a cada instante en mi pensamiento pero algo, algo no me deja simplemente ponerlo en marcha. La simplicidad de mis palabras que ahora estás leyendo no dan para más, quizá porque ahora me falta ese toque que me hace decir las cosas de manera más poética; y sí, perdí lo que tuve, a quien en verdad me amó, quien en verdad tenía veracidad en sus palabras, ciertamente -y vuelvo a hacer énfasis en ello- ¡fui ciego! Que no me di cuenta de que las personas cometemos errores y no queremos ver, hacer constar, valorar a quienes en verdad velan por nosotros… Gracias a muchas pláticas y conversaciones que he tenido últimamente comprendo ya todo esto, solamente desgasté ese amor que se desbordaba y no se contenía, sí, a tal grado de llegar a un punto en que recuerdo que me dijo: “-No sé, pero siento que tanta perfección asusta, que cuando menos lo esperemos, ahora que estamos en el punto más alto, algo nos va a cortar las alas y la caída será difícil de asimilar…” Recuerdo que en esa ocasión mi sonrisa se apagó, se silenció; y es que lo único que no quería escuchar era precisamente eso: que temiera perderme… Y me pongo a pensar en todo esto y llego a muchas conclusiones, una de ellas es que más que ella me perdiese, fui yo quien “intercedió” para que lo que me sucediera fuera todo esto… Ya no sé si me culpo o no por haber cambiado a quien me amaba por alguien que muy notablemente no me amaba… Pero como en un principio ya lo dije, estoy bastante bien porque ya no siento esa culpa que me desgarraba el alma y me hacía inundarme en un valle de lágrimas del cual difícilmente saldría por mí mismo…

¿Cuál es la diferencia?

Si pienso en lo que hace dos minutos hice o lo que estoy haciendo, ¿cuál es la diferencia? Si pienso en lo que hago y en lo que haré, ¿cuál es la diferencia? Si medito sobre el concepto de el término ‘recordar’ me pasaría horas intentando sacarle una definición concreta que -por lo menos para mí- me costaría pulir. ¿Para qué reincidir en lo que ya pasó? Y yo no digo que recordar sea malo, por algo tenemos memoria… Pero recordar… ¡Vaya término! Es remontarse a la historia propia, a el registro que uno mismo lleva de sus vivencias, retornar a lo que alguna vez hice, dije, pensé, etcétera. Y es que ahora mismo que caligrafío esto me aterra emplear verbos en pasado, por que de ellos dependo, y todo es como un círculo vicioso que se desglosa de otro… Veamos… El tiempo, sí, ese que todos medimos en segundos, minutos, horas… Ese que no se detiene y pasa intangiblemente sobre toda cosa o persona… Es mera ilusión. ¿Cuál es la diferencia de hoy o mañana o ayer? Todos esos días transcurridos, transcurriendo y por transcurrir (superficialmente hablando) son idénticos, pero sí, algo de diferente han de tener… Es que me pongo dubitativo de no saber si lo que en esta ilusión -el tiempo- hago, digo, pienso continúa siendo una ilusión, hija de otra antecedente o simplemente es algo tangible y fácil de identificar… Haciendo una introspección propia no es que quiera negar mi pasado, simplemente que quiero diferenciar entre lo que es recordar -¡vaya, este término otra vez!- y lo que es cerrar un ciclo y continuar por el sendero, y cerrar un ciclo implica en parte olvidar… Y olvidar; la contraparte de recordar… Olvidar y asimismo traer al presente la o las causas por las cuales queremos cerrar ese ciclo… Estoy completamente convencido de que la vida es un ciclo y que de ella se desligan otros ciclos, los cuales debemos abrir y cerrar con el fin de aprender algo nuevo, siempre ser dispuesto y disponible a los cambios, no estancarse porque luego… Lamentablemente se nos puede volver monótono… Y vuelvo a lo mismo, he vuelto a plantearme la misma cuestión, ¿cuál es la diferencia? Y en sí es una cuestión existencial que solo uso como vehículo de explicación, NO DE EJEMPLO. Principalmente no quiero que algo que ha sido planeado, edificado e inaugurado por mí se me venga abajo por la causa de los malos cimientos… Es poner bien los pies en la tierra y decir: -Debo planear meticulosamente los “materiales” que debo emplear para lograr una cimentación eficiente… No estoy de humor para estar diciendo esto, es más… Ni siquiera debería compartir esto porque sé que cuando lo dé a conocer será uno más de los capítulos de este libro que se llama vida…

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.